República Bolivariana de Venezuela
Academia de GeoHistoria del Estado Sucre
Efemérides Cumanesas · Estudios geohistóricos
Mestizaje en Cumaná
Dr. Kelvis Campos
De la mezcla anterior al “descubrimiento” a la sociedad de castas de la colonia: cómo se formó, en la primera ciudad de tierra firme, una población hecha de indígenas, europeos y africanos.
Introducción
Mestizaje es el producto del cruce biológico y cultural de individuos provenientes de diferentes etnias y geografías; significa mezclado. Se utilizaba inicialmente para describir el cruce de razas entre las especies animales, pero se comenzó a emplear en la conquista y colonización de América, primordialmente para caracterizar el resultado de los vínculos entre españoles y poblaciones indígenas y negras, que eran consideradas razas distintas.
Estos conceptos de raza o mezcla son muy discutidos y cuestionados; se ha preferido hablar de etnias, población o recombinación genética. Pero el mestizaje no solo tiene que ver con rasgos genéticos, sino también con costumbres, idiomas y características culturales que se entrecruzan y se combinan entre sí. Estas uniones entre personas de poblaciones diferentes datan de la prehistoria, a pesar de las prohibiciones y los tabúes.
Si bien es cierto que la palabra mestizo se empezó a aplicar a seres humanos en el siglo XVI, ya se usaba en el campo de la zoología para las razas y sus cruces dentro de una misma especie animal, y mucho antes, naturalmente, ya se cruzaban esas especies. Sin embargo, entre los humanos se fomentaba la idea equivocada de que existían, por un lado, razas puras y, por el otro, razas mixtas o mezcladas, idea que inducía y propiciaba el racismo y su discriminación.
Mestizaje en América y Venezuela
La llegada de los españoles a América, y específicamente a Venezuela, fue bien recibida por los aborígenes de forma cordial, con asombro y sin hostilidad, con mucha complacencia e imaginándolos semidioses surgidos del mar. Por ello se les entregaron ofrendas áureas, perlas, frutas, flores y el cariño de graciosas y bellas mujeres. El español lo veía como una tierra de gracia: todo a pedir de boca, y algo más, la promesa de que de donde salieron todas esas ofrendas hay mucho más.
Esa imagen de un indio que no hace la guerra, que ignora la codicia y dona o regala sus tesoros, bien pronto pierde su encanto, ya que los viajeros aventureros descubridores solo piensan en la repartición y extracción de recursos. Así surge la polémica: el europeo está seguro de que el aborigen no tiene alma y no es un ser racional, sino una bestia más, una especie entre los animales y el hombre, digna de ser tutelada o protegida; el aborigen, en cambio, sabe que los dioses no roban, ni se alegran con hacer el mal, y mucho menos sangran.
Pero a este aborigen se le culpa por no aceptar ser inferior y no someterse a los que vienen con armas, títulos y documentos para someterlo. Así vemos cómo responde con heroísmo a esa lucha desigual y con poca esperanza: se defiende y pasa al ataque. En Venezuela el español siente que la conquista es más larga y difícil que en toda la América.
Los europeos, a pesar de ver con desprecio a los aborígenes y de considerarlos animales, descubren la belleza de sus mujeres, casi blancas: las fecundan y las hacen sus esclavas. Igualmente permiten y obligan a los aborígenes a fecundar a las negras para tener más esclavos, y permiten a los negros fecundar a las indias para sus intereses. Creen entonces descubrir una nueva raza, con diferentes tonos y matices de la piel, talla y forma del cráneo, que es una realidad antropológica.
Y ello a pesar de que ya antes del supuesto descubrimiento, en la región comprendida en la actual Venezuela, había pueblos pertenecientes a varias áreas culturales, con grupos humanos de diversidad física, diferentes costumbres y desigualdad lingüística. Lo prácticamente común para estos grupos aborígenes era su economía, que iba desde la recolección de frutos y tubérculos, la caza y la pesca, hasta una agricultura intensiva con sistemas de riego, con sembradíos importantes de maíz, yuca, algodón y cacao, y sus técnicas de rotación de cultivos, quema y riego.
Había domesticación de animales, con la hembra como responsable de casi toda la actividad, convirtiéndose el macho en protector y cazador; sin una distinción de clase o estratos sociales, salvo que podían tener esclavos y mujeres de otras tribus, resultantes de las distintas luchas triviales; con poligamia y promiscuidad, y reconociendo una autoridad mítica religiosa llamada piache, con cierta atribución social y religiosa–médica, que exigía aprendizaje para su ejercicio, en un politeísmo rudimentario vinculado con la naturaleza y el culto a los muertos. Sociedades belicosas y otras pacíficas: el aborigen pone su heroísmo defensivo frente al heroísmo agresivo del conquistador, quien sin serlo se hace acreedor de fama y grandeza con mucha ambición material. El aborigen defiende su tierra con la sola superioridad numérica, en contraste con la fuerza mayor de las armas del conquistador; pero nunca se rindió.
El africano es traído con la conquista, visto como fuerza de trabajo para la codicia española. Don Enrique el Navegante intenta este negocio de la venta de esclavos, pero será Gil Eanes quien abra el tráfico negrero hacia Europa después del descubrimiento de Guinea, iniciándose hacia Lisboa, donde Alfonso V de Portugal estaba autorizado por el papa para esclavizar sarracenos y paganos; luego se extendería a España.
En 1518 Carlos V autoriza a Lorenzo de Gorrevod, gobernador de Bresse, y le da la exclusividad de situar 4.000 esclavos africanos en las Antillas sin hacer escala en Sevilla para el pago de impuesto, transportándolos desde Guinea hasta Santo Domingo. Pero es Gerónimo de Ortal quien trae un centenar de esclavos a las costas de Paria, y luego Cedeño y Heredia doscientos hacia la Nueva Andalucía. En 1543 se menciona la introducción por el Cabo de la Vela, y luego, hasta 1565, por las costas de Borburata; a partir de 1580 desembarcarán esclavos en La Guaira, que serán distribuidos a diferentes regiones.
A España y Portugal se sumarán Inglaterra, Francia y Holanda, aumentando progresivamente el negocio. Se sabe que perecía un 30 % antes del embarque y un 12 % en el traslado, y que al llegar a América muere otro porcentaje: se aprovechaba solo el 50 % de los apresados legalmente, pues del negocio ilegal nada se sabe.
Castas o estratos sociales
España pretende trasladar a América sus estructuras políticas, religiosas y económicas usadas en la metrópoli. En el orden social existió una gran diferencia entre España y América, cuyas raíces vienen de un feudalismo nacido en las luchas con los árabes. En el tope de la sociedad se encuentra la nobleza —con sus clases alta, media y baja—, encargada del poder político y responsable de la administración; para ella la guerra es una honra, así como el servicio a Dios y las letras, despreciando el trabajo en general, y vive de los tributos y contribuciones que impone a los vasallos. El rey es el primero de los señores principales, el cual asciende al trono venciendo o anulando las aspiraciones de sus rivales.
La Iglesia ocupa un lugar relevante y privilegiado, representada por elevados dignatarios y el clero. Luego vendrían en el escalafón los artesanos y trabajadores manuales —excepto los dedicados a la agricultura y la minería—, oficios ejercidos por judíos y moros, es decir, exclusivamente por quienes no eran considerados cristianos. Y en la base están los siervos para las rudas faenas del campo.
A Venezuela no llega la representación completa de la sociedad hispana. La aristocracia en general no participa ni se interesa por la aventura americana; solo después de disminuidos los peligros y riesgos cruza el océano con sus prebendas burocráticas. La masa hispánica que viene está compuesta por individuos jóvenes, en su mayoría de los sectores inferiores de la nobleza: hidalgos segundones, guerreros, clérigos, licenciados, bachilleres, pocos agricultores, obreros y marinos de diferente extracción.
La adaptación del europeo a nuestras tierras le exige desprenderse de la mayoría de sus costumbres y aceptar los cambios: usos, alimentos y forma de vida local de los indios, el clima y su trato con las hembras aborígenes, que lo empiezan a caracterizar. Todos se consideraban señores, dándose un fenómeno de hidalguización, igualándose hacia arriba: así, el conquistador era la más alta categoría y los aborígenes sus vasallos. Venían a buscar la honra y la fama para satisfacer sus ambiciones económicas.
La gran diferencia entre las sociedades peninsulares y las americanas es que en estas coexisten varios componentes raciales, entre trabas y prohibiciones que tratan de ocultar, a pesar de los prejuicios, la mezcla que se ha realizado desde el primer contacto. La pasividad del aborigen venezolano y su poca cantidad hicieron una mejor convivencia.
Las castas surgidas en la colonia difieren de las de la península, que se basan en los nexos de sangre, religión y ocupación, con sus tabúes matrimoniales, como grupos endogámicos e impermeables. En la colonia se valora el tipo racial, el derecho, la riqueza y la educación, donde los caracteres étnicos determinan la aparición de por lo menos ocho niveles.
El primero lo ocupan los blancos peninsulares, sector dominante: allí estarán los adelantados, repartidores y encomenderos, luego los gobernadores, intendentes, arzobispos, obispos, capitanes generales y funcionarios de alta jerarquía, sobre los que recae la responsabilidad del poder político, disfrutando de muchos beneficios.
El grado inmediato es el de los blancos criollos, hijos de españoles: son la nobleza colonial, presumida y orgullosa, dueña del poder económico, cultural y social, donde su blancura no importa, sabiendo que poseen por lo menos una octava parte de sangre india y una dieciseisava de negro. Adoptaron las excentricidades aristocráticas —galas, servidumbre, vanidades, trato, cortesías reservadas a la gente más encumbrada—. Son descendientes de guerreros ricos, segundones, aventureros y hasta farsantes de alta alcurnia. Se ocupaban de las milicias, posiciones importantes y arzobispados; monopolizaron los cabildos y consulados, y dominaron la cultura superior en sus universidades como rectores, carcelarios, catedráticos, secretarios, administradores y maestros de ceremonias. Se sintieron sometidos por los peninsulares y presionados por los blancos inferiores y los pardos.
Los oriundos de las Islas Canarias son blancos de tercera: laboriosos y sin ínfulas de grandeza, acostumbrados a una vida modesta y de dura actividad cotidiana; se les llamaba blancos de orilla.
Los pardos son el mayor grupo de la sociedad colonial, pero tienen sus caracterizaciones. El pardo legítimo es el cruzado de blanco con negro, o de blanco con tercerón, cuarterón o quinterón; a los zambos y mulatos se les consideraba usurpadores de esta categoría, que debía ser para los más blanqueados. Sin embargo, se llamaba pardo a todo el que no fuese blanco, negro o indio. Los mestizos podían equipararse con los blancos, pero los mulatos y zambos con los negros.
Los pardos debieron resistir por mucho tiempo las mayores discriminaciones; la evolución de la colonia les fue propicia y en la monarquía hallaron estímulo para sus aspiraciones. Se les marginaba y rechazaba en todas partes: no podían ser religiosos ni siquiera sacristanes; a sus entierros no podían asistir los blancos; no podían sentarse en los bancos de los templos ni llevar alfombras a ellos. Se crearon milicias de pardos donde solo ascendían hasta capitán; no podían ingresar a las universidades ni siquiera como porteros; eran excluidos de consulados y colegios de abogados, y les estaba prohibido casarse con los blancos.
Los indios gozaban jurídicamente de mejor condición que los negros, ya que eran tenidos como vasallos libres, lo cual no excluía su esclavización al rebelarse contra el conquistador. Los negros, mayormente esclavos, que podían ser manumisos, pero libres o no, eran la base de la pirámide social.
Las leyes consagran privilegios para unos, los menos, e imponen obligaciones para otros, los más. Se ocupan de las relaciones concubinarias, separan las razas esmerándose en la política segregacionista y dictan ordenanzas discriminatorias sobre materias inútiles: uso de mantos, joyas, bastón, paraguas, asientos y reclinatorios en las iglesias, escudos, títulos y apellidos. Ser propietario de una mayor o menor extensión de tierras, poseer las mejores haciendas, esclavos, cabezas de ganado y riquezas determina la ubicación social. Los grandes cacaos, potentados, mantuanos y funcionarios superiores con fortuna a corto plazo estarán por encima de los medianos propietarios y artesanos; más abajo estarán los desposeídos, condenados por la pobreza a la inferioridad e incluso a la falta de libertad.
Muchos nobles fueron incluso grandes comerciantes, ya que en América para los señores no era una afrenta el comercio, la minería, la ganadería ni la agricultura con la explotación del indio y del esclavo. El dinero compra cargos, dignidad y nombres.
La educación aportará otra razón para la diferencia, siendo la instrucción más avanzada exclusiva de los estratos sociales más altos. A los pardos se les negó la escolaridad y nadie enseñaba a los negros; para los indios se preveía una alfabetización intelectual y religiosa casi obligada. Para optar a un grado universitario había que probar ser
…hijo legítimo, limpio de toda mala raza y de padres conocidos.
Los expósitos, aunque fuesen blancos, no podían graduarse sin dispensa del rey. La esclavitud divide a los hombres entre libres y no libres, y así una buena parte de la población es tratada como una cosa, despojada de toda consideración no solo social, sino humana, con la característica de un mueble o un animal.
En Venezuela, por ser una colonia pequeña y pobre, hubo una tendencia clara y sostenida hacia el igualitarismo, extinguiéndose rápidamente la encomienda como tal y el feudalismo. La composición estimada de la población era la siguiente:
Composición de la población venezolana en la colonia
| Grupo | Proporción |
|---|---|
| Pardos, negros e indios | 80 % |
| Blancos (todos los grupos) | 20 % |
| Blancos peninsulares | 1,5 % |
| Terratenientes y mercaderes | 1 % |
| Medianos y pequeños propietarios y pulperos | 10 % |
| Esclavos, negros y tributarios | 18 % |
| Labradores, artesanos, peones y otros | 60 % |
| Negros cimarrones y aborígenes marginales | 10 % |
Los porcentajes corresponden a distintas formas de contar la población —por color, por oficio y por condición jurídica—, por lo que no suman cien.
Castas o clases sociales
Algunos autores hablan de siete castas conocidas en Venezuela, pero al ver la composición social y el mestizaje entre ellas se quedan muy cortos, y seguimos teniendo actualmente cruces entre mestizos, mulatos y zambos.
Desde la conquista se distinguen las diferentes castas con sus diferentes racismos. Los blancos peninsulares se diferenciaban de los blancos criollos, y ambos de los blancos de orilla: ninguno gozaba de los privilegios de los otros y los tres grupos se despreciaban entre sí. Luego veremos el grupo llamado indio, donde también había diferencias, desde ser esclavos de encomendados hasta ser dueños de redes y embarcaciones; también allí se marca cierto racismo y se llaman despectivamente “indio”, aunque un porcentaje alto de ellos se refugió en la selva y las montañas por no dejarse someter por el blanco, y otros fueron desplazados al llano venezolano.
Por último, y no menos importante, los negros —esclavos, manumisos y cimarrones—, aun siendo el sector más bajo de la sociedad, tenían diferencias notables y su propio racismo. Los esclavos, como trabajadores de las haciendas, tenían la ventaja de que dependían del patrón en cuanto a comida y cuidados; los manumisos, como peones o arrendatarios, no tenían más que el beneficio de una paga miserable, que no cubría ni su propio sustento; y los cimarrones, escapados de sus amos, vivían de la naturaleza o de las limosnas.
Los pardos eran el grupo más voluminoso de la población y, aunque carecían de privilegios, cumplían funciones de artesanos, comerciantes menores, pulperos y asalariados. Las denominaciones de la época eran muchas:
Denominaciones de las castas
| Nombre | Unión de la que proviene |
|---|---|
| Mestizo | Blanco e india |
| Mulato | Blanco y negra |
| Zambo | Indio y negra |
| Cuarterón | Blanco y mulata |
| Quinterón | Blanco y cuarterona |
| Salto atrás | Cuarterón o quinterón con negra |
| Tente en el aire | Zambo con tercerona o cuarterona |
La lista continuaba con nombres como castizo, morisco, no te entiendo, ahí estás o zambaigo. A todos ellos se les llamaba, en conjunto, pardos.
Como podrá entenderse, esto lleva al racismo y al desprecio dentro de la propia clase social llamada parda. Todas estas mezclas forman una sociedad heterogénea, con diferentes intereses económicos, políticos y sociales en cada grupo, y sucede en un período corto: se pasa de un sistema de castas en el siglo XVI a un sistema de clases ya definidas en el XVIII, dependiendo de la condición étnica de cada individuo. Aunque en un principio se prohibía el matrimonio entre diferentes castas y la adquisición de derechos ante los grupos superiores dominantes, las diferencias se fueron acortando, si bien los racismos no han desaparecido.
Así veremos rivalidades entre los conquistadores y sus hijos, quienes deseaban los cargos políticos, militares y eclesiásticos que los primeros les negaron, además de las trabas y restricciones para el comercio y las industrias, lo que provocó el nacimiento de movimientos preindependentistas. Pero al mismo tiempo estos criollos se oponían al ascenso de los pardos, a quienes se prohibía casarse con blancos, optar a cargos públicos o asistir a escuelas de blancos. Los pardos se rebelan y la Corona emite la Real Cédula de Gracias al Sacar, donde se establece que podían comprar su igualdad con el pago de una suma de dinero, para disfrutar de los privilegios de los criollos blancos.
Mestizaje en Cumaná
El mestizaje en Cumaná se inicia muchos años antes del supuesto descubrimiento de América. Hay evidencia de la llegada de náufragos españoles venidos de África, que pernoctaron por más de veinte años y que, luego de mezclarse con las indias cumanesas, abandonan Cumaná; son ellos los que le dan la ruta de viaje a Cristóbal Colón, tras naufragar nuevamente en las Islas Canarias, específicamente en la isla de Madeira, donde Colón era capitán de faro y vivía con su suegra y su esposa.
Estos españoles náufragos dejaron una mezcla de características físicas, cultura y usos de costumbres en los aborígenes, que sorprendieron a Colón, y así lo describe: su color de piel, su corte de cabello, el uso de turbante en la cabeza como en Castilla, y su amabilidad ante la llegada de un extraño.
Es fácil entender que el mestizaje en Cumaná se inicia mucho antes de la llegada, en 1494, de Cristóforo Colombo, y que es más variado que en el resto de la actual Venezuela, por ser puerto principal y entrada a tierra firme, y la primera ciudad fundada en tierra firme por los españoles. Así cohabitaron, chocaron y mezclaron sus raíces fundamentales —la indígena aborigen, la europea invasora y la africana esclavizada—, dando una sociedad muy diversa, tanto en ideas y doctrinas como en cultura y características físicas y antropológicas.
Ya antes de la llegada de los europeos la región estaba habitada por etnias originarias de cazadores, pescadores y navegantes, como los guaiqueríes, cumanagotos, chaimas y tagares, que entablaron alianzas tempranas con los españoles. La cercanía con Cubagua y su explotación de perlas introduce a la población africana, presentándose un cruce entre estas razas que mezcla tradiciones culturales, culinarias y musicales, aparte de una forma de dialecto muy combinado.
La falta de mujer blanca lleva al conquistador y a los encomenderos a relaciones íntimas con las indias, especialmente cuando se adentraban en las selvas, llanos y montañas, donde estas les prestaban todos los oficios y favores. De estos contactos nacían hijos mestizos y con ellos creaban una vida afectiva; luego, con las negras, recibirán los mismos beneficios que con las indias. Así se formaron relaciones interraciales: mientras llegan mujeres españolas, los grupos compuestos por familias mestizas se multiplicaron, y los hijos repetían el procedimiento de los padres. También los negros esclavos que llegaron a Cumaná venían de diferentes regiones de África, con diversidades antropológicas y culturales que enriquecen aún más este mestizaje.
No le fue fácil al europeo someter al indio cumanés, a pesar de tener de aliado a la naturaleza para hacerle creer que el Dios traído por ellos provocaba los desastres naturales para que se sometieran. Por el contrario, los guerreros indios, cada vez que regresaban a la ciudad, la destruían y volvían a huir a la selva y a la montaña; sin embargo, dejaban a su mujer e hijos con el español, que los fue adoctrinando y sometiendo, creando conflictos entre los indios.
El español que vivía de la extracción de perlas en Cubagua lo utiliza en un principio para sacarlas, pero el indio se resiste y prefiere morir ahogado antes de ser esclavizado en esa vida, escapando y muriendo; por tanto, es sustituido en esa labor por el esclavo negro africano, hasta que se acaba la explotación perlífera y se mudan ambos a Cumaná.
Para esa época Araya es invadida por los holandeses, quienes son rechazados varias veces, pero a finales de 1540 se establecen por varios años en la península y le donan a la población características genotípicas muy particulares que aún seguimos viendo en la actualidad, heredadas por los cumaneses. No debemos olvidar las diferentes incursiones de los ingleses, que se mezclaron con estos invasores creando un mestizaje más variado y, a diferencia de los españoles, sin ningún apego afectivo con los aborígenes.
Debemos recordar, por otro lado, que a la llegada de los colonizadores esta población ya era mestiza y las uniones eran con tercerones o cuarterones, a diferencia de otras regiones de América, y mucho antes de que la reina Isabel la Católica dictara en 1503 la Cédula Real que autorizaba a los españoles a casarse con los nativos de la realeza indígena. Ya entre 1520 y 1530 había familias mestizas en Venezuela y Cumaná, que se prohibían en otras regiones de América.
En 1523 llegaron unos italianos a Cumaná con Jácome de Castellón y se casaron con cacicas y mujeres guaiqueríes; luego pasarían por Cumaná Lope de Aguirre y sus hombres, de quienes es muy probable que violaran a las indias cumanesas. Ya para el siglo XVII se da un mestizaje en Cumaná entre españoles y franceses, que vinieron por la persecución de los católicos franceses: varios médicos franceses vivieron, ejercieron y se casaron en Cumaná con familias de la nobleza. Para el siglo XVIII llegaron unos corsos a Cumaná que se ligaron con la población. Cabe destacar que los ingleses nunca aceptaron el mestizaje, salvo los corsarios y piratas.
Como vemos, en la ciudad de Cumaná el mestizaje fue muy variado: los pardos no solo eran cruces entre españoles, negros e indios, sino también, directa o indirectamente, de holandeses, ingleses, italianos, franceses, indios de varias etnias y negros africanos de diferentes regiones. De allí una variedad lingüística que por mucho tiempo identificó al cumanés y a sus vecinos costeros, una gastronomía muy rica, bailes y tradiciones típicas de la región, varios ritmos musicales casi autóctonos en cada zona, características antropomórficas y físicas variadas y, en fin, una gran cultura heredada de todos los pueblos que nos visitaron.
Conclusiones
Cuando algunos autores dicen que Venezuela nació un 3 de agosto de 1498, están negando que en esta región existían aborígenes que recibían visitas frecuentes de viajeros europeos y comerciaban e intercambiaban costumbres, saberes y mercancías con ellos mucho antes de la llegada de Colón. Hay evidencia de que pisaron nuestras tierras y fecundaron a nuestras aborígenes, viviendo algunos por más de veinte años con nuestros indios. Sirva esto para desmitificar que fue Cristóbal Colón quien descubrió, por lo menos nuestra región de la actual Venezuela, ni quien introdujo el mestizaje en este continente.
El piloto español Alonso naufraga en Cumaná con varios de sus marineros, convive con su población y fabrica una embarcación que lo lleva de vuelta a su tierra más de veinte años después, con tan mala suerte que vuelve a naufragar y es rescatado por Colón, quien se entera así de las rutas de navegación y de la existencia de Cumaná y sus perlas. Cuando este hace su segundo viaje visita esta ciudad, que contaba con más de quince mil indios y doscientas casas o chozas, y se sorprende de la blancura de los indios, de sus costumbres tan parecidas a las de Castilla, aparte de la docilidad de esta gente, la amistad con que es recibido y la facilidad de negociación con sus aborígenes, quedando tan encantado y satisfecho que nombró esta región tierra de gracia, como lo referiría en sus diarios y lo relataría su hijo.
Por otro lado, si esta parte del mundo es descubierta en 1498, ¿cómo se explica que ya para esa fecha hubieran salido los mapas venecianos con el nombre de América, si debería llamarse Colón o Colombia? Y al llegar Colón a La Española en 1498, terminando su tercer viaje, es hecho prisionero y llevado encadenado a España como reo de Estado. Creo que se debe investigar sobre este punto tan oscuro, que le atribuye el nombre de un continente a un viajero ocasional y mercader, y no al virrey y almirante español, gobernador de las Indias Occidentales.
El mestizaje fue prácticamente obligado: hombres solos ven a mujeres tan bellas como las de las ciudades de donde son originarios, y los que acompañaron a Colón le rogaban que los dejaran en esa tierra de gracia y paraíso terrenal. Pero no solo los españoles contribuyeron con el mestizaje en Venezuela y en la Nueva Andalucía o Cumaná, ya que específicamente en Araya pernoctaron por varios años holandeses que dieron características genéticas a sus pobladores, y aún quinientos años después los distinguen en su misma región.
Los diferentes fundadores de la ciudad de Cumaná traerán sus connacionales y recursos, ya que los indígenas se ponían en pie de guerra con cada llegada de nuevos pobladores ajenos a sus tribus, por los desmanes, asesinatos y violaciones que muchos de los visitantes cometían. Sin embargo, el mestizaje en Cumaná se hizo cotidiano: no era raro ver un salto atrás tanto en gente morena como blanca o negra, o quizás un albino, o un negro con pelo liso y ojos azules.
Igualmente, el racismo se apoderó de cada uno de los grupos étnicos, aunque no tanto como en otros países, pero siempre lo hubo y quizás aún lo hay, a pesar de que la guerra de independencia nos unió como país, pueblo y ciudadanos, eliminando las castas y los rangos sociales. Por lo menos en Venezuela puedes ver a los de mayor poder adquisitivo compartiendo con los más desposeídos sin mirarlos con desprecio y lástima. Siempre habrá en Cumaná una distinción de estatus económico, pero se ha minimizado el racismo entre clases respecto de los siglos XVI, XVII y XVIII: ya en el siglo XXI hablamos de catire, moreno, negro o quizás indio en forma casi de cariño, aunque los estemos llamando, sin querer, mestizos o hijos de mula, mulatos.
Bibliografía
- Mestizaje culturalArturo Uslar Pietri
- Crónicas de CumanáTulio Ramón Badaracco
- Mestizaje en VenezuelaFélix Piñerúa Monasterio
- Historia de la República de VenezuelaArias Amaro
- Historia fundamental de VenezuelaJ. L. Salcedo Bastardo
- Macuro o Cumaná, tierra de graciaKelvis Campos
Academia de GeoHistoria del Estado Sucre
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Mestizaje en Cumaná, Dr. Kelvis Campos.
Documento de divulgación con fines históricos y educativos.