Efemérides AGHES
Academia de GeoHistoria del Estado Sucre / Venezuela
lunes, 9 de febrero de 2026
El peso de la libertad: La caída del hombre que sobrevivió a la guerra pero sucumbió a sí mismo
lunes, 2 de febrero de 2026
CUMANÁ YA TIENE UN LUGAR DONDE HOMENAJEAR AL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO
En Cumaná, hasta alrededor de 1890, no existía un espacio idóneo
para tributar a la heroicidad del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de
Sucre, ni para celebrar y conmemorar las efemérides de su gran gesta. La Plaza
Ayacucho llenó ese vacío y se convirtió en el epicentro del culto a Sucre. Ella
y todo su entorno circundante fueron adquiridos por el gobierno, modificados y
embellecidos para que armonizaran con lo que se pretendía: un sitio único para
Antonio José de Sucre.
No fue un proyecto apurado ni mezquino para la ciudad; se diseñó ex profeso
para rendir homenaje al Gran Mariscal de Ayacucho. Su centro sería un monumento
donde la posteridad dejara constancia de su noble espíritu y de su gran
epopeya.
Un reconocido escultor italiano modeló y fundió la estatua:
Giovanni Turini, natural de Verona, la cual fue colocada sobre un hermoso
pedestal de granito construido por otro italiano, José de Carabelli. La
estatua, ennoblecida en bronce, fue traída por barco y entró desde el Puerto de
Sucre por el río Manzanares. Aunque la piedra fundamental se colocó el 9 de
diciembre de 1889, la Junta encargada de su erección hizo entrega formal de la
estatua y de las obras circundantes de embellecimiento el 28 de octubre de
1890. El gobierno de entonces rindió los más altos honores y dejó el conjunto
en manos de la ciudad para su conservación, uso y custodia.
Fue una magna apoteosis, un gran regalo planificado por el
ilustrado presidente Rojas Paúl (quien también regaló las escalinatas de la
iglesia de Santa Inés —hoy Basílica Menor—). Su inauguración fue igualmente
apoteósica: con música sacra y popular, una asistencia multitudinaria y hasta
la edición de un libro de más de 200 páginas, destinado a no olvidar aquel
momento y, sobre todo, aquella intención.
Entonces, luego de aquel gran esfuerzo ciudadano y civilista, en el que no se
escatimaron voluntades para alejar a Sucre de la visión colonialista con la que
la Venezuela del siglo XIX despertaba al mundo, no logro entender los motivos
por los cuales hoy se pretende homenajear a Antonio José de Sucre, Gran
Mariscal de Ayacucho, partiendo de las grises paredes de un monumento —también
nuestro— que fue construido para lo contrario: el Fuerte de San Antonio de la
Eminencia, fortaleza servil y opresora, cárcel y representación insana de lo
que fue la España fratricida y colonial, y que conservamos únicamente para no
olvidar el pasado y comprender lo que representa.
La nobleza de Antonio José de Sucre no debe exponerse ante un
monumento tan representativo de lo que otrora fue la tiranía.
Por: Rommel Contreras
sábado, 17 de enero de 2026
Invasiones a Cumaná
El Cumaná era un río amplio con un delta de aguas cristalinas, poblado de delfines, manatíes, caimanes, camarones, guara guaras, cama cutos y peces variados, razón por la cual era visitado frecuentemente por los caribes dejando asentamientos y descendencias en otras tribus, que ya poblaban sus riveras y hacían vida a ambos lados de sus orillas, islas o islotes, sin embargo, hay que destacar que muy cerca de la desembocadura del Cumaná a unas 2 leguas desemboca el río Cotúa, Tacal o Bordones. El primer registro que se tiene de la visita de europeos a Cumaná lo refiere el mismo Cristóbal Colón quien le contó a su hijo que un piloto español de nombre Alonzo Sánchez, le comentó en 1488 cuando naufragó en las costas de la isla de Madeira junto a dos marineros que venían de Cumaná una región más ala de estas islas Africanas hacia el noreste y que había pasado veinte años viviendo allí, después que una gran tormenta los desvió y naufragaron cuando volvían del África, así que Colón visita Cumaná para 1494 y se sorprende de corroborar lo que decía el piloto español hace 6 años atrás aproximadamente, tanto por su recibimiento como por su corte de pelo, su color de piel, así como el uso de turbantes en vez de plumas en sus cabezas, tan diferente a otros nativos que había visto en las diferentes islas que había explorado en la misma región. El mismo Colón describe este encuentro y nunca dijo si estaba describiendo lo sucedido en 1494 o en 1498, ya que en ninguno de los viajes nombra a Cumaná ni sus cercanías, pero es Trevi sano y el propio Américo Vespucio quienes dan a conocer esta ciudad, río y cacique y son los que informan de un rescate de perlas por Colón en el mismo. Después de esto se tiene conocimiento de otras invasiones en Cumaná autorizados por el rey de España al caer en desgracia Colón desde 1499, llamados viajes parianos, luego fue invadida Cumaná por unos clérigos que con su cruz trataron de someter a los indígenas, pero otros invasores europeos secuestraron parte de la tribu de los chaimas que lideraba un tal Don Alonzo quien dio un aviso y plazo de seis lunas para su devolución de lo contrario sacrificarían a los frailes como tal pasó. Tiempo antes y después de estos últimos acontecimientos se inició una invasión solapada de los buscadores de perlas, que utilizaban el río y la población para lavar las perlas, guardarlas e intercambiarlas por provisiones, después les tocó nuevamente a los conquistadores a quienes el rey mandó a someter a los nativos alzados y acabar con ellos, seguidamente llegaron los monjes y sacerdotes imponiendo sus costumbres y leyes que no fueron aceptadas por todos los indígenas o no de buenas ganas ya que estos tenían sus dioses, costumbres y reglas de vida. Los bucaneros y filibusteros, así como los corsarios y piratas trataron después de las fundaciones de la ciudad de poner en jaque e invadir su población, luego la guerra de independencia y los contrabandista invadieron Cumaná en diferentes oportunidades, después las guerras civiles e internas lograron invadir la ciudad, trataremos de estudiar cada uno de los acontecimientos que provocaron estas invasiones y como se logró liberar la ciudad de cada uno de ellos.
I
Cumaná
territorio comprendido desde la desembocadura del rio Unare frente al mar
Caribe y Océano Atlántico hasta la desembocadura del río Esequivo,
extendiéndose hasta Brasil y Nueva
Granada por el Sur y la provincia de Venezuela por el oeste según la
capitulación dada por el rey Felipe II a Diego Fernández de Serpa y según la
Audiencia de Sto. Domingo que era quien
la regía desde 1520 hasta 1777 incluyendo las cadenas de islas desde Sta. lucia
y Trinidad y se le llamó también provincia de Nva. Andalucía, su capital Cumaná
una ciudad llamada por Colón “ El paraíso Terrenal” cuando la visitó en 1494
que se encuentra protegida por la península de Araya llamada antiguamente de
Paria y muy difícil observar desde la lejanía razón por la cual no era fácil
llegar a menos que se tuviese conocimiento de su existencia, ensenada extensa
con playas de arenas blanca y oleaje muy bajo con dos ríos cristalinos uno muy
ancho navegable con un gran delta y abundante fauna marina. Se cuenta que unos
náufragos portugueses y españoles hacia 1468 quedaron varados en sus costas y
fueron rescatados por los nativos quienes los ayudaron por más de 20 años a
reconstruir sus naves y volver a sus tierras, estos intercambiaron aprendizajes
con ellos y enseñaron varias costumbres,
seis años después aproximadamente volvieron estos nativos a ver personas
parecidas a los que interactuaron con ellos, y es el propio Cristóbal Colón
quien describe este encuentro. “halle unas tierras las más hermosas del mundo,
llegue allí una mañana a hora de tercia y para ver esta verdura y esta
hermosura, acorde surgir a ver esta gente de los cuales luego vinieron en
canoas a la nao a rogarme de parte de su rey que descendiese en tierra, e
cuando vinieron que no curé de ellos, vinieron infinitésimos en canoas y muchos
traían piezas de oro al pescuezo y algunos atados a los brazos algunas perlas,
holgué mucho cuando las vi, e procure mucho de saber dónde las hallaban y me
dijeron que allí en la parte norte de aquella tierra, procure de saber de
aquellas perlas y envié los barcos a tierra; esta gente es muy mucha y todas de
muy buen parecer e muy lindos gestos, los cabellos muy largos o llanos a la
guisa de castilla y traen las cabezas atadas con unos pañuelos labrados a
colores que parecen como de seda y almaizares, la color de esta gente es más
blanca que otra que haya visto en las indias, las canoas de ellos son muy
grandes y de mejor hechura que no son estas otras, y más livianas y en medio de
cada una tienen un apartamiento como cámara en que vi que andaban los
principales con sus mujeres”, y así pensó de esta tierra “por tanto grandes
indicios son estos del paraíso terrenal porque el sitio es conforme a la
opinión de estos santos y sanos teólogos y así mismo las señales son
conformes”. Estos nativos volvieron a ver esos grandes barcos y extranjeros
para 1499 quienes intercambiaron perlas y oro por baratijas, espejos y vinos
con Alonzo de Ojeda acompañado de Américo Vespucio y Juan de la Cosa, seguido
por Per Alonzo Niño, para 1500 arriba Cristóbal Guerra quien declara rescatar
47 libras de perlas y captura algunos indios y hacen muchas atrocidades,
regresa para 1502 Alonzo de Ojeda con Juan Vergara y Alonzo de Ocampo, apresan
indios y devuelven indias fecundadas.
II
En 1513 Fray
Pedro de Córdova Vicario de las indias acreditado por cedulas reales desde la
Española, manda una expedición fundante autorizada por el rey Fernando y el
Papa para el puerto de las perlas o Cumaná, siguiendo el rumbo dictado por
Cristóbal Colón, el primero de septiembre, la expedición era conformado por el
dominico Fray Antón de Montesino, Fray Francisco de Córdova y el lego Juan
Garcés, Montesino se quedó en Pto. Rico por haber enfermado, Fray Francisco de
Córdova oficia en Cumaná la primera misa en tierra firme americana en noviembre
de 1813, se inicia la construcción del primer convento y primera escuela en
tierra firme en los cerritos del Barbudo, el 21 de Agosto de 1514 una
expedición corsaria al mando de Gómez de Rivera llega al puerto de las perlas
hospedándose por varios días intercambian o pretender comprar perlas,
avituallamiento y animales con los indígenas a quienes antes de partir los
invitaron a su barco para pagarles y luego se los llevaron secuestrados, razón
por la cual los nativos le dieron plazo de 6 lunas o meses para que devolvieran
a sus hermanos o sacrificaban a los misioneros, y al terminar ese plazo lo
cumplieron ya que nunca les devolvieron a los nativos secuestrados y con esto
terminó la primera invasión religiosa a Cumaná. Para noviembre de 1515 llega a
Cumaná la segunda expedición fundante de Pedro de Córdova con religiosos
dominicos y franciscanos en la desembocadura del río Cumana en el sector del
barbudo a un tiro de ballesta a la playa.
En 1520
arriba a las costas de Cumaná una expedición tratante de esclavos bajo el mando
del capitán Hernando Ibáñez haciendo que se reúnanlos indios Chaimas, Taguares
y Cumanagotos, comandados por Maragüey y Toronoima, quienes enfrentan a los
invasores y los derrotan a pesar de morir decenas de indios. Ese mismo año una
expedición al mando de los capitanes Villafañe y Gregorio Ocaña con las mismas
intenciones y son totalmente derrotados aunque los caciques fueron ejecutados.
En 1521 después de la Audiencia de Sto. Domingo conocer de los hechos en Cumaná
envía una expedición con 6 naves de guerra y 240 hombres bajo el mando de
Gonzalo de Ocampo para castigar a los indígenas y al llegar y ser recibido por
los indígenas de la misión como siempre lo habían hecho pacíficamente con los
visitantes desde antes de Cristóbal Colón fueron apresados y ajusticiados y sus
cuerpos colgados en los palos de los barcos para aterrorizar a los indígenas,
Gonzalo de Ocampo funda la villa de Toledo construyendo un fuerte y 25 casas al
lado de las 200 casas o churuatas de los 15 mil y espero la llegada en Agosto
de 1521 de Fray Bartolomé de las Casas para partir lleno de perlas, esclavos,
casabe, maíz y pescado salado. De las Casas es recibido por los franciscanos
picardos al mando de Johan Gareto con un Tedeum, esta ciudad ya contaba con 2
iglesias, un fuerte, 25 casas de españoles, 200 bohíos de indígenas, parcelas
donde se cultivaban uvas, melones y naranjas y el único fuerte confiable del
caribe, según Benzonni cuando la visitó en 1545, cansado las Casas de tanta
invasión de tanta invasión de españoles de rescatar indios para esclavizar, se
dirige a Sto. Domingo y deja encargado al capitán Francisco de Soto con 2 navíos bien
apertrechados, pero Soto desobedeciendo a de las Casas se dedica a comerciar
esclavos indios, lo cual hace que se amotinen los indios comandados por los caciques
Diego y Caiguire y destruyen toda la ciudad haciendo huir a los frailes y
españoles, solo muere fray Dionisio y luego en Araya soto que había sido herido
con una flecha envenenada con curare. En 1522 a pesar de haberse empezado la
reconstrucción de la ciudad seguían en pie de guerra los indios y la Audiencia
de Sto. Domingo envía una expedición de 60 hombres al mando de Giacomo Castellón
Suarez hacen que los indios se internen en las selvas y montañas, dejando
solamente viejos, mujeres, niños y alguno que otro cacique que firmaron la paz
con Castellón, quien funda la ciudad de Nva. Córdova en el mismo sitio donde
estaba la villa de Toledo. En 1528 el emperador Carlos V concede escudo de
armas a Giacomo Castellón y este le envía en perlas el equivalente a 200 mil
pesos. En 1531 el 16 de marzo el teniente mayor Gil González con 150 hombres
toma la ciudad de Nva. Córdova cumpliendo órdenes del capitán don Diego de
Ordaz, pero es derrotado por Giacomo Castellón apresándolo y expulsándolo de la
ciudad con los pocos hombres que le quedaron, en ese mismo año Diego de Ordaz
con 20 hombres y algunos indios entran por el río Cumaná pero son derrotados
por Castellón quien apresa a Ordaz y lo envía a Nva. Cádiz y de allí a España. En
1548 los holandeses con una poderosa flota de más de 100 navíos se apoderan de
la península de Araya explotando sus salinas y comerciando con las Antillas en
varias oportunidades. El 13 de Octubre de 1569 llega Diego Fernández de Serpa a
Cumaná nombrado por Felipe II Capitán General y Gobernador de la Provincia de
Nva. Andalucía.
III
En Cumaná se
produjeron muchos ataques de filibusteros y piratas. Cumaná como punto
estratégico fue frecuentemente atacada entre los siglos XVI, XVII y XVIII para
1565 el pirata inglés John Hawkins invadió las costas de Cumaná atacando las
salinas de Araya pero fracasó al intentar tomar la ciudad. En 1594 es atacada
Cumaná por el corsario ingles Walter Raleigh, pero Francisco de Vides lo
derrota y pone en fuga. En 1602 filibusteros ingleses bajo el mando del capitán
Parker desembarcan en Pta. Araya cargan sal en sus barcos y son expulsados por
18 buques de guerra que arriban desde España a Araya unidos al gobernador Diego
Suarez de Amaya. En 1622 el 30 de noviembre y el 15 de Enero de 1623 una flota
holandesa trató de apoderarse de las salinas de Araya siendo gobernador don
Diego de Arroyo y Daza, se luchó intensamente y se impidió que se apoderaran de
la misma y evitar la invasión a Cumaná ya que el gobierno de México destino 300
plazas 44 piezas de artillería y 12 culebrinas. En 1654 y 1657 experimento
Cumaná invasiones francesas siendo gobernador don Pedro de Brizuela, los
franceses en la primera lograron invadir el barbudo pereciendo en la defensa
Francisco Merchán y don Pedro Merchán pero fueron rechazados al igual que en el
segundo intento de invasión. Para 1669 fue invadido por corsarios ingleses el
salado siendo rechazados pero murió don Evaristo de Lugo. En 1676 una flota de
bucaneros franceses liderados por el marqués de Maintenon atacó Cumaná y la
isla de Margarita pero fueron rechazados. Para 1680 el pirata francés Michel de
Granemont asaltó exitosamente Cumaná con 50 hombres robando sus riquezas. En
1703 siendo gobernador don José Ramírez de Arellano fueron vencidos otros
invasores ingleses, quienes insisten en 1705 pero vuelven a ser persuadidos y
huyen. En 1739 se registró un combate naval donde piratas ingleses intentaron
tomar Cumaná siendo repelidos desde el fuerte de Sta. Caterina. Para 1741
atacan a Cumaná un navío y una balandra inglesa y el 12 de octubre son puestos
en fuga. En 1798 el capitán ingles Dickson invade las playas de Cumaná pero es
repelido por el gobernador Vicente Emparan y Orbe. En 1812 es invadida Cumaná
por tropas leales al rey Fernando VII venidas de Coro. Para 1813 en Enero un
grupo de revolucionarios por la libertad comandados por Santiago Mariño invaden
a Güiria en la provincia de Cumaná y el 3 de Agosto invaden la ciudad de
Cumaná. El año 1814 un ejército de pardos, mulatos y negros comandado por José
Tomás Boves a nombre del rey Fernando VII invade Cumaná destroza la ciudad, saqueando,
violando y asesinando a cuanta población existía, abandonando la ciudad a los
pocos días, dejando como gobernador Gaspar Miguel Salaverria, hay que destacar
que la guerra de independencia lleva a los cumaneses a ver ejércitos
constantemente de los diferentes bandos tratando de invadir la ciudad hasta que
José Francisco Bermúdez invade la ciudad y hace rendir al último reducto
español en una ciudad de Venezuela. Las guerras internas pos independencia en
varias ocasiones presagian invasiones de sus fuerzas a la ciudad de Cumaná, la
guerra Federal otro tanto y así con cada caudillo que tomaba el poder en
Venezuela, hasta que desembarca el buque Anzoátegui o Falke liderado por Manuel Delgado Chalbauth que
trata de invadir la ciudad y derrocar a su compadre Juan Vicente Gómez, pero el
general Fernández defensor de la plaza junto al ejercito gomecista ponen en
fuga al barco evitando la invasión.
IV
En Cumaná desde su primera fundación se crearon fortificaciones, en 1521 Gonzalo de Ocampo crea el fuerte de Nva. Toledo, reforzado por Giacomo Castellón en 1523, destruido con el terremoto de 1530, luego al trasladar la ciudad se crearon el castillo de San Antonio de la Eminencia, Sta. María de la cabeza, reducto de la candelaria, Fuerte de Sta. Catalina o Casa Fuerte, batería del salado, Castillo de Agua Santa o batería de puntilla, Fortín de Cerro Colorado o batería de San Luis, batería de San Justo, batería de San Felipe, batería del cerro de la línea, fortaleza de los castillitos, cuneta del príncipe, batería de la cabeza del puente, fortín de las terrazas o Chiclana.
VI
Cumaná fue
invadida según datos obtenidos por Cristóbal Colón por unos náufragos españoles
o portugueses entre los años 1474 y 1476 de una forma pacífica y que hicieron
una interrelación entre las dos culturas, que dejaron marcados a los nativos de
esta tierra y le cambiaron algunos hábitos y luego de 6 a 10 años estos nativos
volvieron a ver personas con características conocidas, los saludaron con
amabilidad y los invitaron a entrar a sus casas, compartiendo con ellos comidas
y bebidas, esta nueva invasión también es pacífica y de estudio de la región
por parte de la tripulación que traía Cristóbal Colón, que luego emprenderán
invasiones a la ciudad y región de Cumaná, autorizados por su rey para
comerciar, estafar y apresar indios o nativos. Para 1508 se iniciaron visitas
frecuentes de españoles en busca de agua, perlas y provisiones desde islas
cercanas, a finales de 1513 llegan 2 misioneros a Cumaná que tratan de inculcar
sus conocimientos y cultura a los nativos, sin embargo debido a una negociación
fallida son sacrificados, meses más tarde hacia 1515 llegador otros religiosos
a fundar una ciudad poblada de indígenas, pacificándolos y cambiándoles la
forma de vida y cultura, invadiendo sus tradiciones y cultura , pero no todos
lo aceptaron y frecuentemente desalojaron a los invasores, esta segunda
invasión religiosa se apoya en la fuerza que tiene la monarquía sometiendo,
dominando y fundando pueblos, sembrando el alma española, cultura, compromiso
con su fe y silla Apostólica, nunca se averiguó si estos indígenas tenían
creencias diferentes y si lo hicieron no se les respetó, se le impuso el Dios
europeo, aunque se admiraron de las costumbres y conocimientos supuestamente
rudimentarios de esta población, se les impuso a la fuerza, las que deseaba el
imperio, la religión esclavizó a los dueños originarios de las tierras,
explotando al indio y sus tierras y disfrazándolo de encomiendas o
repartimientos, aprovechando de sustraer las riquezas de la región, los
siguientes invasores, corsarios, filibusteros y piratas se trataron de
aprovechar de los recursos de la ciudad, así veremos que Holandeses, Franceses,
Ingleses y otros traficantes y proveedores clandestinos, intercambiaron
mercancías o la robaban, hasta la creación de la Compañía Guipuzcoana que trató
de acaparar todo el comercio de la región sin embargo el puerto de Cumaná
intercambiaba sus productos con Veracruz México que financiaba este puerto,
hasta 1730 que la Guipuzcoana exigió exclusividad aunque estafaban a los
productores ya que por ejemplo compraban la fanega de cacao al productor en 10
pesos y era vendida en 45 pesos en la península ibérica, provocando con esto un
contrabando ya que otros barcos europeos pagaban hasta más del doble por los
productos. La guerra de independencia con una duración de 13 años fue un hecho
atroz y encarnizado en toda la provincia de Nva. Andalucía o Cumaná contra
sanguinarios jefes monárquicos Morillo, Morales, Boves, Monteverde, de la Hoz,
Suazola, Antonanzas, y otros subalternos, ninguna región sufrió una catástrofe
tan grande en vida, bienes y territorios devastados, tan igual o peor que la
conquista, algo parecido se vivió en la guerra civil de Venezuela, ejércitos
iban y venían, y en cualquier camino podía haber una emboscada o asesinos a
sueldo o por diferentes pensamientos políticos, hasta la llegada de Juan
Vicente Gómez quien a fuerza de conspiraciones y escuchas de confianza apaciguó
el país y la región que vuelve a ver una invasión con la llegada a su puerto de
un barco armado unos invasores venidos de Europa y otros que insurgieron por
tierra para tomar la ciudad por pocas horas, desde esa fecha la ciudad de Cumaná no ha vuelto a
ser invadida.
Referencias
Crónicas de Cumaná
……………………… Ramón Badaracco
Colón y su secreto
…………………........... Juan Manzano Manzano
Viajes a las Indias Occidentales………......... Bartolomé de las Casas
Historia Fundamental de Venezuela……....... J.J. Salcedo Bastardo
Los Viajes de Colón ………………………. Carlos de Giorgis
Historia de los orígenes de Cumaná ...…… José M. Gómez
Gobernadores de Cumaná
………………... Ramón Badaracco
lunes, 12 de enero de 2026
DESAGRAVIO AL DIABLO DE CUMANÁ
El Diablo de Cumaná
Quedó fuera en los murales
El fanatismo religioso
Lo sacó de los portales
Personaje conocido
De las fiestas populares
Salía por estos lares
Como Diablo ennegrecido
Haciendo su recorrido
Seguido de los muchachos
Su nombre era Luis del Valle
Hurtado su apellido
Parrandeaba casa calle
Cuando era día de fiesta
El día de Santa Inés,
También en Semana Santa
Y diciembre se empataba
Con sus comparsas vistosas
Dos personajes recreaba
Tarzán, con sus indiecitos
Y el Diablo con su tridente
Así asustaba a la gente
Que corría temerosa
Y el Diablo botando sangré
Con ojos desorbitados
Iba montando su baile
Los niños tenían miedo
Por su aspecto de terror
Pero era un Diablo de amor
Porque a nadie hizo daño
Y salía cada año
Con su comparsa a mostrar
Más de cincuenta años
Haciendo la diversión
A costa de su peculio
Y de alguna contribución
Que la gente le arrimaba
En las playas de El Barbudo
Se vestía de Tarzán
Con su guayuco marrón
Y un cuchillo en la cintura
Y se exhibía en las poses
Para mostrar su figura
Hombre amante del folclor
Se hizo artista popular
Sin escuela ni academia
Fue un cultor fuera de lote
A pie siempre, sin transporte
Con poca ayuda oficial
Pero Tarzán o el Diablo
Solo alcanzó su sitial
Y ha ocurrido un hecho
Inusual y extraordinario
Que no tiene explicación
Ahora vengo con el cuento
Porque justo, en este momento
Al Diablo dejaron fuera
De pintarle su mural
Una decisión muy mal
Que los sucrenses repudian
Porque trataron al Diablo
Como persona infernal
¡Que bochorno!
En nombre de la cultura
No tendremos su figura
En los murales pintados
Porque manos insidiosas
Lo tildaron de satánico
Y el pueblo se quedó estático
Ante tremenda injusticia
Esa decisión Maluca
Debe ser considerada
Para que el querido Diablo
También tenga su pintada.
Este Diablo es Cumanes.
Humilde de corazón
Y sin ninguna razón
--quizas porque era de a pie __
No lo incluyeron en la lista
Y está fuera de la pista
Ojalá que nuestro Diablo
Donde quiera que se halle
Ante el agravio, estalle
Y con tridente afilao
Salga, muy esmachetao,
A buscar a los "artistas"
Que pintaron los murales
Y los puyen por las nalgas
Y también por las costillas
Para que marquen la milla
Y se vayan pa'la porra
El Diablo tiene doliente
Y aunque no tenga mural
Representa la cultura
De la ciudad marinera
Y que atónita espera
Que se corrija esta acción
Que no es nada natural
¡Viva El Diablo de Cumaná, con mural o sin mural!
por: Ramón Gómez Gil / Septiembre 2025
jueves, 8 de enero de 2026
El Secuestro de Jefes de Estados, con la intención de gobernar indirectamente.
La historia del mundo registra casos semejantes —o movidos por la misma intención— al que actualmente padece nuestra Venezuela. Numerosos son los episodios documentados de secuestro, captura o retención forzada de las autoridades supremas de un país; entiéndase que, en la antigüedad, se trataba de reyes, emperadores o jefes de Estado, e incluso de papas, cancilleres y embajadores.
En el tablero geopolítico, entre potencias enemigas, el secuestro de una autoridad tiene como objeto someter a la nación agredida. Y me refiero deliberadamente a potencias enemigas, porque ese recurso oscuro de contención de una autoridad solo lo ejecuta quien teme al otro; lo cual revela, en esencia, síntomas de debilidad o de temor ante las capacidades reales o potenciales del enemigo secuestrado.
Así, el perverso y odiado secuestro se convierte en un instrumento deliberado de dominación política, con el objetivo explícito de manipular, condicionar o gobernar indirectamente a la nación sometida. Desgraciadamente, esta ha sido una práctica recurrente del poder en distintos períodos históricos.
En términos políticos, la captura de la primera autoridad equivale a la captura del Estado, siempre y cuando —claro está— en la nación agredida se ejecuten los planes del enemigo secuestrador.
Cuando el emperador romano Publio Licinio Valeriano fue hecho prisionero en el año 260 d. C. por Sapor I, segundo rey del Imperio persa sasánida (actual Irán), Roma no solo sufrió una derrota militar, sino que quedó humillada y políticamente desestabilizada. Roma era la capital de un imperio, y su emperador, su máxima autoridad. Valeriano fue utilizado como mensaje propagandístico y como elemento de presión geopolítica. El secuestro del gobernante funcionó, en ese contexto, como una forma extrema de guerra psicológica y control político.
Pero ¿qué ocurre cuando se secuestra a un familiar de un gobernante? Ello supone un grado máximo de desesperación existencial por parte de la potencia agresora. Ni siquiera Alejandro —el Magno— se atrevió a tanto. A pesar de haber capturado a la familia real persa tras la batalla de Issos, no pudo capturar al emperador Darío III. En manos macedonias quedaron la madre de Darío (Sisigambis), su esposa Estatira y sus hijas. Alejandro las trató con respeto deliberado y expreso, precisamente porque comprendía su valor político, simbólico y afectivo para su pueblo.
Esto contrasta gravemente con la captura de la actual esposa del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, la diputada Cilia Flores de Maduro, quien presenta afectaciones psicológicas y corporales como producto del trato y maltrato enemigo. Alejandro, quien en vida fue príncipe, rey, emperador y también faraón, sabía que poseer a la familia del Gran Rey de Persia equivalía a erosionar su legitimidad sin necesidad de capturarlo físicamente.
Pero cuidó de ellos como si fuesen su propia familia, y nunca estuvieron sometidos a cautiverio enclaustrado, trato degradante o encierro punitivo.
Durante la Edad Media, tenemos el célebre y casi cinematográfico caso de Ricardo Corazón de León, capturado en 1192 por Leopoldo V de Austria, que ilustra con claridad cómo el secuestro de un monarca permitía extraer concesiones económicas y políticas, condicionando directamente el funcionamiento del reino afectado. Inglaterra, privada de su rey, quedó sometida a presiones externas y a tensiones internas que facilitaron la imposición de términos desfavorables para su economía y su desarrollo.
Ya en la Edad Moderna, encontramos el secuestro ejecutado por Napoleón Bonaparte al capturar al rey español —y soberano de buena parte de América en su tiempo— Fernando VII, obligándolo a abdicar en 1808. Este acto no solo privó a España de su monarca, sino que buscó reordenar el poder político español desde el exterior, imponiendo un rey títere, su hermano José Bonaparte, conocido popularmente como “Pepe Botella”.
Ese acto de barbarie política desencadenó, además, la posibilidad histórica del pronunciamiento independentista de los países americanos sometidos al yugo español. El secuestro del monarca fue, en esencia, un intento de gobierno indirecto y una violación profunda de la intimidad política de las naciones afectadas, como efectivamente se manifestó en nuestras luchas y guerras de Independencia. Sin embargo, ese objetivo no se logró solo con el secuestro: Napoleón tuvo que invadir, y sus ejércitos enfrentaron la resistencia del pueblo español hasta ser finalmente derrotados y expulsados del territorio.
En el siglo XX, aunque el derecho internacional formalizó la inmunidad de los jefes de Estado, la práctica no desapareció. La detención del presidente Manuel Noriega por fuerzas estadounidenses en 1989, durante la invasión a Panamá, evidenció que la captura de una autoridad seguía siendo un mecanismo “eficaz” para forzar un cambio de régimen. Aunque revestido de un discurso jurídico y moral, el efecto político fue el mismo: la nación quedó privada de su jefe y obligada a reorganizarse bajo tutela externa.
El secuestro de autoridades ha sido históricamente una herramienta de dominación política, utilizada para quebrar la soberanía de un Estado sin necesidad de una ocupación prolongada. Al capturar al gobernante —figura en la que se concentra la legitimidad, la autoridad, la continuidad institucional y el liderazgo afectivo de una nación—, la potencia agresora busca gobernar por sustitución, coacción o deslegitimación, imponiendo su voluntad sobre la nación afectada. No se trata de un accidente histórico cometido por un aberrado, loco o fascista gobernante yankee: el secuestro ha sido una constante del ejercicio del poder en contextos de confrontación entre Estados confrontados.
Por: Rommel Contreras / AGHES
viernes, 5 de diciembre de 2025
Tal día como hoy: Muerte de Boves
A Conveniencia te cuento: las atrocidades de Boves, Morales, Moxó y Morillo:
Tampoco debo ocultar a V. E. los males consiguientes a la entrada de los Emigrados [en Caracas desde el centro del país]. Había de varias clases: los que lo hicieron por temor de Boves sin tener parte activa en el gobierno revolucionario […] los corifeos de la revolución; los que ocuparon los primeros empleos y sirvieron armas contra las tropas del Rey; los que vendían las cabezas de los europeos y celebraban con armoniosos conciertos el sacrificio de millares de víctimas; […] y los que en fin escandalizaron al mundo con sus horrendos e inauditos crímenes. ¿Qué han de hacer ahora, que se ven —si no perseguidos— despreciados, sin representación civil, sin haciendas y sin empleos?.
El general Morillo, a su llegada, encontró el distrito entero bajo el gobierno de V. M. […] sin enemigos, porque casi todos habían muerto a manos de Boves y Morales […] Quiere decir, Señor, que Morillo ni aún halló población, pues de la poca que había pereció casi la mitad, y todos hombres. El censo de la capital de Cumaná, que tenía 16 mil almas, se hizo ahora […] y solo consta de 5.236 almas, con más de 3.000 mujeres y apenas 1.221 hombres. […] ¿Y no cambiarían con todo su corazón el hambre por el pan, la desnudez por el vestido, la mendicidad por la abundancia, los tormentos por el gozo, y el suelo extraño por su propia patria que tan apegadamente quieren?.
Todas las anteriores providencias serán ineficaces […] si V. M. no aplica la más importante y necesaria: que para los empleos generales de aquellas provincias […] se nombre a quienes administren justicia y manejen fielmente las rentas, pues la inobservancia de este sistema ha sido la raíz de la insurrección de Caracas y demás países de América.
sábado, 29 de noviembre de 2025
miércoles, 19 de noviembre de 2025
EL NOMBRE DE VENEZUELA
1. Juan de la Cosa concluye su célebre carta universal o portulano, la primera en la que aparece representada América. Como piloto mayor tenía acceso privilegiado a todas las bitácoras de navegación castellanas, especialmente a las de Ojeda y Vespucio. De modo que cualquier información geográfica obtenida en ese viaje quedó registrada en ese mapa.
2. Américo Vespucio escribe a uno de sus mecenas, Lorenzo di Pierfrancesco de Médici, la famosa First Letter of Americus , fechada el 18 de julio de 1500, donde describe su segundo viaje (la expedición de Ojeda). En esa carta aparece un pasaje crucial que no admite reinterpretaciones arbitrarias:
“Pasamos de esta isla a otra, cercana, a diez leguas de distancia, y encontramos una aldea muy grande, cuyas casas estaban construidas sobre el mar, como Venecia, con mucha ingeniosidad. Mientras quedábamos maravillados ante tal circunstancia, decidimos ir a verlas; y cuando nos acercamos a sus casas, intentaron impedirnos la entrada.”
Es decir: Vespucio está describiendo una población de casas sobre el agua, una ciudad lacustre, exactamente el tipo de asentamiento que más tarde Martín Fernández de Enciso, en 1519, identificará con el nombre de Venezuela.
La afirmación de la profesora Beatriz Bermúdez Rothe —sería seguramente correcta si se leyera la historia sólo desde Enciso hacia adelante— se vuelve insostenible cuando se incorpora esta carta de 1500. Mucho más si se lee “entre líneas”, pues Enciso escribe textualmente: “...un lugar y casas de indios que se llama Veneƺuela” . Y claro: así se conocía desde hacía diecinueve años. No creo que la profesora no haya leído la carta completa…
Para decirlo sin rodeos:
La descripción de Vespucio antecede por casi dos décadas al texto de Enciso, por lo que cualquier reconstrucción historiográfica que ignore esta carta queda incompleta. Y menos aún puede ignorarse la corroboración cartográfica de Juan de la Cosa, quien incorpora el topónimo en su portulano de 1500.
Referencias:
- Lester, C. E., & Foster, A. (1853). The life and voyages of Americus Vespucius: With illustrations concerning the navigator, and the discovery of the New World (4th ed.). Horace Mansfield. Pág. 167.
- La Cosa, J. de. (1500). Carta Universal [mapa portulano, Inv. MN 257]. Museo Naval de Madrid, España.
P. D. 1: Aunque la discusión sobre el origen del nombre Venezuela es una diatriba antigua, conviene recordar que el cura Nectario María ya había adelantado una lectura distinta, orientada a reivindicar una identidad propia de los maracuchos autóctonos. Hoy existe una tendencia semejante, presentada muchas veces bajo la etiqueta de “descolonización”, que busca precisamente des-europeizar (o des-europeizar, a lo arrecho como dicen algunos) ciertos relatos históricos para recentrarlos en expresiones culturales locales. Escribir la historia a como nos venga en gana no es la idea , y pasar sobre los hechos, agarrándonos aunque sea del borde o filo de unos caracteres. Re-interpretándolos, así no más.
P. D. 2: Con lo dicho arriba dejo puesta mi rodela en la cuestión del nombre Venezuela. Y a ella quiero sumar ahora los casos de Araya o Maturín , porque ocurre algo semejante: algunos quieren encontrarlos —a como dé lugar— en diccionarios de lenguas de nuestros hermanos aborígenes, aun cuando ya están atestiguados en otras lenguas ajenas a ellos, y mucho antes de que alguien intentara indigenizarlos.
miércoles, 29 de octubre de 2025
San Antonio de la Eminencia, 60 años
Conmemoración del 60° Aniversario del Castillo de San Antonio de la Eminencia
Rommel Contreras, Discurso oficial. Octubre de 2025
Academia de GeoHistoria del Estado Sucre
Otras ciudades del mundo tienen sus fortalezas —como La Cabaña, en La Habana, San Felipe en Cartagena o El Morro, en San Juan—, pero ninguna posee el privilegio de custodiar la cuna del Gran Mariscal de Ayacucho.
Desde esta Eminencia se ve el mar, pero también la historia; desde aquí se domina la geografía y se convoca la memoria.
Andrés Bello dijo que la naturaleza es el alma visible de la patria; en Cumaná, esa alma está inscrita en piedra, sangre, sacrificio, sol y mar.
Debemos exponerla al mundo en tinta, papel y con el auxilio de las Nuevas Tecnologías.
Hace ya un par de décadas, cuando el querido presidente Hugo Chávez Frías convocó a los venezolanos de todas las edades y género a estudiar la historia de Venezuela, comprendí que también era necesario escribirla y divulgarla.
A pesar de que mis estudios formales pertenecen al ámbito de las ciencias físicas —a los números, no a las letras—, sabemos que el conocimiento de la historia también requiere de los beneficios del método científico.
Desde toda óptica, Cumaná es un oasis virgen para el estudio histórico y patrimonial, cuya memoria se remonta a mucho más de dos milenios. Fue eso lo que, hace cuarenta años, me trajo a compartir mi tiempo con el de todos, y acudir a toda convocación en el beneficio de la historia patria.
Nuestra historia —la indígena, la colonial y la republicana— aún yace dispersa entre libros, archivos, relatos, patrimonios inmateriales y bienes materiales, como lo es esta fortaleza en esta Eminencia y altura, que nos acompaña desde el último cuarto del siglo XVI.
Por eso, cuando en 2005 surgió en la mente inquieta del Dr. Ramón Badaracco, el Cronista de la Ciudad, la idea de crear una Academia para el estudio de la historia de Cumaná, un grupo de ciudadanos abrazamos su propuesta y le ayudamos a materializarla con un planteamiento crítico referido a una historia propia e insurgente.
Desde entonces, la Academia de GeoHistoria del Estado Sucre ha cultivado una cosecha fecunda, hoy consolidada bajo la presidencia del profesor Hernán Muñoz Villafuerte.
Hemos logrado avances significativos en la comprensión de nuestro pasado reciente, pero aún quedan muchas incógnitas de nuestras remotas raíces.
Antes de la existencia de la Academia, el curso y caprichos del río Cumaná —hoy Manzanares— estaba oculto bajo el velo del desconocimiento.
Hoy entendemos su recorrido milenario, sus desvíos entre los siglos XVII y XVIII y las correcciones realizadas para linealizar su cauce desde El Tamarindo hasta su boca actual, con suficiente evidencia, documental y cartográfica. Todo ello realizado por manos cumanesas y bajo su propia coordinación.
Ese conocimiento permitió identificar la ubicación de la antigua ciudad de Nueva Córdoba, la Cumaná marinera a orillas del mar, y precisar su traslado —antes de la navidad de 1582— al sitio donde hoy perdura el origen del Centro Histórico, rendido a los pies de esta Eminencia originalmente llamada de Santiago y San Antonio.
Sabemos quién ejecutó esa mudanza, y las causas y consecuencias de aquel trascendental desplazamiento urbano, y sospechamos que era un Marañón.
También hemos avanzado en el análisis de registros cartográficos y documentales sobre el patrimonio de Cumaná y sus alrededores.
Ello ha permitido despejar algunas incógnitas que teníamos sobre la ciudad, aunque otras permanecen esquivas y distantes a nuestra comprensión; especialmente las referidos a sus primeros habitantes, quienes poblaron estas tierras hace más de cinco siglos.
Los primeros pobladores se asentaron al borde de humedales propicios para la vida, moldeados por el río y consolidados por el mangle.
Restos y evidencias de esas culturas originarias permanecen dispersos en las serranías y el margen litoral.
Los movimientos tectónicos dieron forma al paisaje que hoy admiramos: la Serranía de Caigüire y sus estribaciones, entre ellas esta impecable Eminencia, que siempre ha sido respetada.
Los cumaneses de entonces reforzaron su entorno natural con una especial frontera verde-espinosa, destinada a proteger la fortaleza, que fue creciendo y modificándose con el tiempo. Su primaria defensa desde el siglo XVI.
Desde aquí se domina todo el entorno: también fue un lugar preferido e ideal para observar las estrellas y tomar posiciones geográficas, cuando el mundo vivía el siglo de las grandes aventuras y navegaciones.
El sabio Alexander Humboldt estudió nuestro cielo, otros le antecedieron y sucedieron, muchas cartas de navegación y mapas de los siglos XVIII y XIX se referencian astronómicamente al Fuerte de San Antonio.
Estas serranías donde nos encontramos, conocidas geológicamente como el anticlinal de Mundo Nuevo, son formaciones cuaternarias, jóvenes, que guardan tesoros geológicos y paleontológicos, algunos por descubrir, potenciales recursos educativos y turísticos. Poseemos lo que otros envidiarían al respecto, un museo natural en toda la extensión de la palabra, donde los plegamientos y los fósiles cuaternarios compiten y hablan por sí mismos.
Tampoco debemos olvidar el mar: sus riquezas bióticas y abióticas que han sustentado nuestra dieta, economía y cultura durante siglos.
Mucho ignoramos todavía, pero debemos comenzar a descubrirnos: sin demora y con apuros.
Algunos mitos urbanos persisten, como el supuesto túnel entre el Fuerte y la Casa de Gobierno: una idea concebida, pero nunca materializada.
También se ha sobrevalorado el potencial militar del Castillo de San Antonio, restándole protagonismo al Fuerte de Santa María de la Cabeza, pieza clave en la defensa de la ciudad, hoy injustamente olvidado; es buen tiempo para recuperar ese patrimonio y también la Casa Fuerte al usufructo de la ciudad.
Eso no disminuye, sin embargo, la importancia simbólica y estratégica del Fuerte de San Antonio de la Eminencia, que durante siglos sirvió para intimidar a los enemigos de Cumaná. Desde cuando cuidaba junto con el Castillo de Santiago de Arroyo de Araya, una de las puertas del Imperio Español.
Durante la Independencia, junto con el Fuerte de Santa María de la Cabeza y otros ya desaparecidos (como el Reducto de San José o de la Candelaria y el Castillo Viejo), alternaron su control entre patriotas y realistas.
Años después, esta fortaleza, albergó prisionero al general José Antonio Páez, cuya partida al exilio estuvo acompañada por una multitud de cumaneses y dieciséis señoritas vestidas de blanco que lo escoltaron hasta el puerto.
Aquella despedida con gran manifestación de afecto cumanés marcó al Centauro, quien prometió regresar a Venezuela por Cumaná, y cumplió su palabra.
Investigando el Centro Histórico de Cumaná, miembros de la Academia, rescatamos de los archivos en España, Caracas y locales, las pruebas documentales que confirmaron la tesis del cronista Dr. Pedro Elías Marcano sobre el sitio exacto de la Casa Natal del Gran Mariscal de Ayacucho.
Ese lugar sagrado, a las faldas de esta misma Eminencia, entre la Basílica Menor de Santa Inés y donde hoy nos encontramos, allí fue el lugar donde doña María Manuela de Alcalá y Vicente de Sucre, recibieron y criaron al Gran Mariscal de Ayacucho, en la postrimería del siglo XVIII y el advenimiento de los tiempos revolucionarios de la Independencia.
Hoy sabemos con precisión matemática y astronómica la ubicación de esa casa.
La Academia cumanesa reunió los soportes científicos que permitieron quitar el velo con que la Academia Nacional de la Historia había relegado la morada del Gran Mariscal.
La reedificación impulsada por la Academia de GeoHistoria, hoy es un hecho culminado por el Gobierno Bolivariano del presidente Nicolás Maduro, bajo la gestión del almirante Gilberto Pinto Blanco. Así, no solo cumplimos el deseo del comandante Hugo Chávez Frías, también el anhelo de todo el pueblo cumanés, que por las guerras y descuidos había olvidado tan importante deber histórico.
Entonces, de pie ante este sólido patrimonio y mole de nuestra historia, que ha visto pasar casi todas nuestras vicisitudes, incluyendo las propias que han cambiado su morfología.
Este Castillo en su origen fue refugio contra piratas como lugar fuerte de la ciudad, pero también como defensa ante los ataques de los legítimos dueños de estas tierras; los mal llamados indígenas.
Su historia se remonta a 1572, cuando los naturales de la zona —en defensa de su tierra— dieron muerte a los alcaldes Juan Rengel y Hernán López de Pedroza: cuando la ciudad era marinera. Sucumbieron a flechazos en una guasábara cuando los indios se opusieron a los desmanes de la hueste colonizadora del capitán Diego Fernández de Serpa.
Aquello motivó al gobernador inmediato e interino de Serpa, Adriano de Padilla, a la erección de una fortificación precursora en el sitio más defendible del entorno, a media legua: la Eminencia de "Santiago y San Antonio". Es de esa obra que tenemos evidencias, de su mantenimiento y reparaciones.
Se construye un modesto rodete de paredes elevadas, con la técnica de la tapia pisada. Todavía, casi un siglo después, en la medianía del siglo XVII (1668), tan solo era una construcción endeble, redonda de barro y de piedra, pero que ya contaba con ocho piezas de artillería.
El gobernador Juan de Padilla y Guardiola (1680–1683) reformó el sistema defensivo, advierte la necesidad de tener para Cumaná un sistema eficaz de defensa. Organiza la reforma del nuevo San Antonio, siguiendo las directrices ya determinadas por el anterior gobernador Angulo y Sandoval, que consistían esencialmente en una tipología que había sido adoptada en España, proveniente de Italia, la forma cuadrangular con baluartes en las puntas, en sustitución de las torres. Doce años antes ya verificada en Cumaná con el fuerte de Santa María.
En febrero de 1682 el proyecto fue enviado a la Junta de Guerra, organismo este que en julio de ese año aprueba el proyecto y la demolición de la fortificación anterior.
El siguiente gobernador Francisco de Ribero y Galindo (1683–1686) transforma la obra debido al terremoto de 1684, dándole forma de estrella de cuatro puntas, la que aún perdura. Cambiando la tipología cuadrangular abaluartada original (quizás privó la premura y criterios económicos). Esta modificación tuvo la oposición del anterior gobernador y de los vecinos.
Su consolidación final hacia 1688 le dio a Cumaná su eje de defensa y símbolo de poder. Desde entonces, el Castillo de San Antonio de la Eminencia ha sido la piedra angular de nuestra identidad.
Su emplazamiento artillado transmitía dominio y control local al poblado dirimido. La consolidación como fortaleza de primer orden de la ciudad exigió dotación de foso, empalizada, artillería diversa, residencia de tropa, aljibe, capilla y casa de pólvora.
Su emplazamiento era excepcional ya que desde él se podía percibir el movimiento por la planicie litoral en todos los sentidos, por el río, que en ese entonces discurría hacia el norte entre las actuales calles Montes y Ayacucho y por el litoral norte. Pero su falla, estaban referidas a la defensa de los predios cercanos e inmediatos al poblado. En este sentido el fuerte de Santa María de la Cabeza siempre le superó.
Desde aquí se observan los ríos, el litoral, las montañas y la ciudad que creció a sus pies, mientras el San Antonio siguió recibiendo daños sísmicos y reparaciones. Es un punto de encuentro entre la historia nuestra y la propia.
Por eso, ante la solidez de esta mole de piedra que ha visto pasar siglos de luchas, es momento de tomar la pluma de oro que hace doscientos años nos regaló Antonio José de Sucre desde la lejana Bolivia —la misma que los huérfanos de Cochabamba le ofrecieron en 1825 junto con la guirnalda dorada regalada por la municipalidad— y cumplir su deseo: el de escribir con ella la historia de esta noble ciudad de Cumaná y narrar los sacrificios de su pueblo en la búsqueda de la libertad.
A pesar de los acontecimientos que se suceden allá donde la hija predilecta del Libertador y del Gran Mariscal de Ayacucho, en el pleno del bicentenario de su creación, sintámonos orgullosos de que fue un cumanés quien impulsó su existencia, y la enrumbó libre a los ojos del mundo.
Libertad que los Orientales obtuvimos por nuestros propios medios, nuestras campañas y nuestros propios héroes. Libertad que hoy es amenazada por un contingente naval que los enemigos de siempre —el imperialismo— asoma en nuestros mares con pretensión de intimidarnos. Olvidando que fue un cumanés:
El joven Antonio José de Sucre, el hijo de una familia y ciudad revolucionaria quien corrió sin detenerse, desde lo alto de esta Eminencia de San Antonio hasta la cúspide del Potosí en el altiplano andino, rompiendo a su paso las cadenas que ataban los pueblos, liberándolos a sus propias culturas y costumbres, dándoles no solo la Libertad, sino también la educación para entenderla y disfrutarla.
Escribamos con la pluma dorada de Sucre, desde su Casa Natal, los detalles de su gesta y démosla a conocer al mundo, para que todos sepan lo que hizo un cumanés… y lo que aún puede volver a realizar.
Gracias, por reflexionar al respecto, y considerar entre todos, lo que tenemos pendiente, para remediar las ignorancias que nos atormentan, respecto a Cumaná y a sus hijos, principalmente las referidas al Gran Mariscal de Ayacucho, a su pluma y guirnalda y a la morada de su espíritu en su Casa Natal.

