sábado, 14 de febrero de 2026

Sucre y Flores: Dos venezolanos, un crimen y un mismo techo

​En el corazón del centro histórico de Quito, la Catedral Metropolitana resguarda un enigma que trasciende lo religioso. Allí, en una tregua eterna impuesta por el mármol, reposan los restos de dos venezolanos: Antonio José de Sucre, el "Abel de América", y Juan José Flores, el fundador de la República del Ecuador.


​Esta vecindad física es, quizás, la ironía más punzante de la historia andina: separa por apenas unos metros al mártir de un crimen nunca resuelto y al hombre a quien la posteridad siempre señaló como su principal beneficiario. ¿Es un homenaje a la patria o la paradoja más grande de nuestra historia?

​1830: El año del magnicidio y la fragmentación

​La paradoja nace en el barro de Berruecos. El 4 de junio de 1830, cuatro disparos terminaron con la vida de Sucre, el heredero político de Simón Bolívar. Este no fue un acto de bandolerismo, sino un crimen de Estado.

​Mientras Sucre cabalgaba hacia Quito para reunirse con su familia y defender la unidad de la Gran Colombia en el "Congreso Admirable", Juan José Flores ya orquestaba en la capital la separación del Distrito del Sur. La desaparición de Sucre eliminó el único obstáculo militar y moral que podía frenar las ambiciones de Flores. La historia sugiere que, si bien la mano que disparó fue la del coronel Apolinar Morillo, el silencio y la posterior consolidación de Flores en el poder sembraron una sospecha que el tiempo no ha logrado borrar.

​El rescate del mártir y el triunfo del caudillo

​La diferencia en el trato de sus restos acentúa la tragedia. Sucre, tras ser asesinado, fue abandonado en la selva. Fue el valor de su viuda, la Marquesa de Solanda, lo que permitió recuperar sus restos y esconderlos clandestinamente durante siete décadas en el convento de El Carmen Bajo.

​El Gran Mariscal de Ayacucho, libertador de naciones, tuvo que habitar las sombras de un altar oculto para no ser profanado por el régimen que Flores había instaurado, quien gobernaba el país con la mano dura de una "hacienda particular". Por el contrario, Juan José Flores, tras una vida de luces y sombras —incluyendo la polémica "Carta de la Esclavitud" de 1843—, murió en 1864 y fue sepultado con los máximos honores de "Padre de la Patria".

​La operación de Estado de 1900

​La reunión de ambos en la Catedral no fue un accidente, sino una maniobra de legitimación nacional. En 1900, el general Eloy Alfaro, líder de la Revolución Liberal, ordenó el hallazgo científico de los restos de Sucre. Alfaro necesitaba el prestigio del Mariscal para dotar a la República de un símbolo de pureza y sacrificio que contrastara con el pasado conservador.

​Al trasladar a Sucre a la Catedral, el Estado ecuatoriano creó una "paz forzada". Al poner al mártir cerca del fundador, la narrativa oficial intentó suturar la herida de Berruecos, fundiendo en un solo recinto la ética republicana (Sucre) y la supervivencia institucional (Flores).

​Conclusión: La dualidad en el altar

​Hoy, el mausoleo de Sucre, tallado en la oscura roca volcánica del volcán Pichincha, se yergue como un monumento a la libertad inmaculada. A pocos metros, la cripta de Flores recuerda que las naciones no solo nacen de ideales, sino también de la fuerza y la ambición.

​Al salir de la Catedral de Quito y dejar atrás el silencio de mármol que envuelve a estos dos hombres, queda en el aire una pregunta que la historia aún no termina de responder: ¿Es este mausoleo compartido un símbolo de reconciliación nacional o la última burla del poder sobre el idealismo?

​La presencia de Sucre dignifica el recinto, pero la de Flores nos recuerda las raíces complejas de nuestras repúblicas. Mientras el "Abel de América" y el "Caudillo" sigan bajo el mismo techo, la herida de Berruecos permanecerá abierta, recordándonos que en América Latina, a veces, la justicia solo llega en forma de bronce y piedra.

lunes, 9 de febrero de 2026

El peso de la libertad: La caída del hombre que sobrevivió a la guerra pero sucumbió a sí mismo

Detrás de cada gran epopeya nacional existen héroes de barro cuya redención y caída rara vez llegan a las aulas de clase. En noviembre de 1823, mientras los cañones de Puerto Cabello callaban para dar paso al nacimiento de una nación, un hombre llamado Julián Ibarra personificaba la mayor promesa de la independencia: la metamorfosis del esclavo en ciudadano. Pero la libertad, ese peso que algunos cargan como corona y otros como condena, resultó ser un terreno más traicionero que los mismos pantanos de El Casupo. A través de la investigación de Miguel Elías Dao, rescatamos del olvido la crónica de un soldado que, tras darle a Venezuela su última llave, fue incapaz de encontrar la cerradura de su propia integridad.

La madrugada del 8 de noviembre de 1823, el lodo de los manglares de Puerto Cabello no solo manchaba las botas de un hombre llamado Julián; estaba bautizando a un héroe. Aquel hombre, que había nacido bajo el yugo de la esclavitud cargando el apellido de su amo, Iztueta, sostenía en sus manos la llave de la independencia definitiva de Venezuela y de un nombre que, por fin, le pertenecería solo a él: Ibarra.

Al guiar a las tropas del General José Antonio Páez por senderos secretos para tomar el último bastión español en la laguna de El Casupo, Julián no solo conquistaba una plaza militar; estaba reclamando su propia humanidad.

Tras la toma de la ciudad, Ibarra se convirtió en una figura de leyenda. El General Páez, impresionado por su valor y lealtad, no solo le otorgó la libertad de jure, sino que lo integró con honores al estamento militar de la joven República. Ibarra ya no vestía los harapos del siervo, sino el uniforme de Capitán, con sus charreteras brillando bajo el sol del Caribe. Se le veía recorrer las calles empedradas de Puerto Cabello como un ciudadano respetado, habitando una casa propia en la calle Colombia y cabalgando el ejemplar que el mismo "Centauro de los Llanos" le había obsequiado. Para la sociedad de la época, él era el símbolo vivo de que el nuevo orden republicano premiaba el mérito sobre el linaje.

Pero mientras el Capitán Ibarra recibía saludos y honores de día, un hambre antigua y una moral fracturada lo empujaban a las sombras de noche. Quizás el paso de la sumisión absoluta a la autoridad total fue un puente demasiado largo para su espíritu. Ibarra comenzó a liderar una banda de salteadores, utilizando su conocimiento táctico y la impunidad que le otorgaba su rango para asaltar haciendas y caminos. Bajo la máscara del oficial patriota, se escondía el líder de una organización criminal que no dejaba testigos. El héroe que había abierto las puertas de la ciudad a la libertad, ahora cerraba las puertas de la vida a ciudadanos inocentes.

El destino, sin embargo, eligió el escenario más irónico para su caída: el Fortín Solano. Fue en esa imponente estructura de piedra donde el pasado y el presente de Ibarra colisionaron. Entre el ajetreo de los soldados y el brillo de las bayonetas, una niña —testigo silente del asesinato de sus padres en una hacienda asaltada por la banda— reconoció el rostro que habitaba sus pesadillas. No fue un oficial veterano ni un juez experimentado quien desenmascaró al traidor; fue el dedo tembloroso de una huérfana. El grito de terror de la pequeña al verlo caminar por el fortín fue el principio del fin.

La noticia llegó a oídos de Páez como un golpe personal. Sin embargo, el General comprendió que perdonar a Ibarra por sus méritos pasados sería traicionar los cimientos de la nación que acababan de fundar. El proceso fue breve y la sentencia, inevitable: la muerte en la horca.

Sin embargo, el final de Julián Ibarra no ocurrió ante la mirada de la multitud en la plaza pública. En un último acto de oscura voluntad, el hombre que conocía los secretos de los manglares decidió no entregar su cuello al verdugo. En la soledad de su celda, antes de ser conducido al cadalso, Ibarra tomó su propia vida. Al elegir el suicidio sobre la humillación del patíbulo, representó la paradoja más triste de la condición humana: la de aquel que conquista la libertad física pero permanece esclavo de sus instintos, prefiriendo el silencio de la muerte autoinfligida antes que el deshonor de una ejecución pública.

Hoy, su nombre sobrevive como un susurro de advertencia en las crónicas de Venezuela. Julián Ibarra entregó la última llave de la independencia, pero en el proceso, perdió la llave de su propio honor. Su caída nos recuerda que, aunque la guerra puede hacer a un hombre famoso, solo la paz y la integridad pueden hacerlo verdaderamente libre.

Nota de autor: Este relato se inspira en la investigación histórica de Miguel Elías Dao plasmada en su libro "El negro que le dio la espalda a la gloria". La obra de Dao rescató de los archivos judiciales la trágica dualidad de Julián Ibarra, el héroe de la Toma de Puerto Cabello que terminó sus días por su propia mano tras ser descubierto en una vida criminal.



lunes, 2 de febrero de 2026

CUMANÁ YA TIENE UN LUGAR DONDE HOMENAJEAR AL GRAN MARISCAL DE AYACUCHO

Aunque las plazas venezolanas de la contemporaneidad han transformado radicalmente su función histórica, en Cumaná la situación es distinta: la Plaza Ayacucho no puede dejar de ser el sitio y el lugar donde se rinde homenaje al héroe.

En Cumaná, hasta alrededor de 1890, no existía un espacio idóneo para tributar a la heroicidad del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, ni para celebrar y conmemorar las efemérides de su gran gesta. La Plaza Ayacucho llenó ese vacío y se convirtió en el epicentro del culto a Sucre. Ella y todo su entorno circundante fueron adquiridos por el gobierno, modificados y embellecidos para que armonizaran con lo que se pretendía: un sitio único para Antonio José de Sucre.

No fue un proyecto apurado ni mezquino para la ciudad; se diseñó ex profeso para rendir homenaje al Gran Mariscal de Ayacucho. Su centro sería un monumento donde la posteridad dejara constancia de su noble espíritu y de su gran epopeya.

Un reconocido escultor italiano modeló y fundió la estatua: Giovanni Turini, natural de Verona, la cual fue colocada sobre un hermoso pedestal de granito construido por otro italiano, José de Carabelli. La estatua, ennoblecida en bronce, fue traída por barco y entró desde el Puerto de Sucre por el río Manzanares. Aunque la piedra fundamental se colocó el 9 de diciembre de 1889, la Junta encargada de su erección hizo entrega formal de la estatua y de las obras circundantes de embellecimiento el 28 de octubre de 1890. El gobierno de entonces rindió los más altos honores y dejó el conjunto en manos de la ciudad para su conservación, uso y custodia.

Fue una magna apoteosis, un gran regalo planificado por el ilustrado presidente Rojas Paúl (quien también regaló las escalinatas de la iglesia de Santa Inés —hoy Basílica Menor—). Su inauguración fue igualmente apoteósica: con música sacra y popular, una asistencia multitudinaria y hasta la edición de un libro de más de 200 páginas, destinado a no olvidar aquel momento y, sobre todo, aquella intención.

Entonces, luego de aquel gran esfuerzo ciudadano y civilista, en el que no se escatimaron voluntades para alejar a Sucre de la visión colonialista con la que la Venezuela del siglo XIX despertaba al mundo, no logro entender los motivos por los cuales hoy se pretende homenajear a Antonio José de Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho, partiendo de las grises paredes de un monumento —también nuestro— que fue construido para lo contrario: el Fuerte de San Antonio de la Eminencia, fortaleza servil y opresora, cárcel y representación insana de lo que fue la España fratricida y colonial, y que conservamos únicamente para no olvidar el pasado y comprender lo que representa.

La nobleza de Antonio José de Sucre no debe exponerse ante un monumento tan representativo de lo que otrora fue la tiranía.

Por: Rommel Contreras

sábado, 17 de enero de 2026

Invasiones a Cumaná




El concepto de invasión se define como acometer o entrar por la fuerza a un lugar y apoderarse de algo o alguien, en el mundo se han dado invasiones, desde que el hombre pobló la tierra, el invasor impone su criterio, costumbres idioma y forma de ver la vida, sin importar si destruye todo lo del invadido e impone su criterio. Aunque no se sabe cuál pueblo o reino invadió en un principio la América si sabemos que la región que hoy conocemos como Venezuela sufrió frecuentemente en la época pre colonial de innumerables invasiones propiciadas por un pueblo llamado Caribe, los cuales llegaban a las costas y asolaban a los pueblos, les quitaban todos sus bienes y cultivos, violaban a las mujeres, mataban a la mayoría de los hombres pero dejaban algunos pobladores que mantuvieran algunos recursos para su futura invasión o visita, los Caribes visitaron o invadieron  frecuentemente las costas de Paria y específicamente Cumaná por su río.


   El Cumaná era un río amplio con un delta de aguas cristalinas, poblado de delfines, manatíes, caimanes, camarones, guara guaras, cama cutos y peces variados, razón por la cual era visitado frecuentemente por los caribes dejando asentamientos y descendencias en otras tribus, que ya poblaban sus riveras y hacían vida a ambos lados de sus orillas, islas o islotes, sin embargo, hay que destacar que muy cerca de la desembocadura del Cumaná a unas 2 leguas desemboca el río Cotúa, Tacal o Bordones. El primer registro que se tiene de la visita de europeos a Cumaná lo refiere el mismo Cristóbal Colón quien le contó a su hijo que un piloto español de nombre Alonzo Sánchez, le comentó en 1488 cuando naufragó en las costas de la isla de Madeira junto a dos marineros que venían de Cumaná una región más ala de estas islas Africanas hacia el noreste y que había pasado veinte años viviendo allí, después que una gran tormenta los desvió y naufragaron cuando volvían del África, así que Colón visita Cumaná para 1494 y se sorprende de corroborar lo que decía el piloto español hace 6 años atrás aproximadamente, tanto por su recibimiento como por su corte de pelo, su color de piel, así como el uso de turbantes en vez de plumas en sus cabezas, tan diferente a otros nativos que había visto en las diferentes islas que había explorado en la misma región. El mismo Colón describe este encuentro y nunca dijo si estaba describiendo lo sucedido en 1494 o en 1498, ya que en ninguno de los viajes nombra a Cumaná ni sus cercanías, pero es Trevi sano y el propio Américo Vespucio quienes dan a conocer esta ciudad, río y cacique y son los que informan de un rescate de perlas por Colón en el mismo. Después de esto se tiene conocimiento de otras invasiones en Cumaná autorizados por el rey de España al caer en desgracia Colón desde 1499, llamados viajes parianos, luego fue invadida Cumaná por unos clérigos que con su cruz trataron de someter a los indígenas, pero otros invasores europeos secuestraron parte de la tribu de los chaimas que lideraba un tal Don Alonzo quien dio un aviso y plazo de seis lunas para su devolución de lo contrario sacrificarían a los frailes como tal pasó. Tiempo antes y después de estos últimos acontecimientos se inició una invasión solapada de los buscadores de perlas, que utilizaban el río y la población para lavar las perlas, guardarlas e intercambiarlas por provisiones, después les tocó nuevamente a los conquistadores a quienes el rey mandó a someter a los nativos alzados y acabar con ellos, seguidamente llegaron los monjes y sacerdotes imponiendo sus costumbres y leyes que no fueron aceptadas por todos los indígenas o no de buenas ganas ya que estos tenían sus dioses, costumbres y reglas de vida. Los bucaneros y filibusteros, así como los corsarios y piratas trataron después de las fundaciones de la ciudad de poner en jaque e invadir su población, luego la guerra de independencia y los contrabandista invadieron Cumaná en diferentes oportunidades, después las guerras civiles e internas lograron invadir la ciudad, trataremos de estudiar cada uno de los acontecimientos que provocaron estas invasiones y como se logró liberar la ciudad de cada uno de ellos.


I

   Cumaná territorio comprendido desde la desembocadura del rio Unare frente al mar Caribe y Océano Atlántico hasta la desembocadura del río Esequivo, extendiéndose hasta Brasil y Nueva  Granada por el Sur y la provincia de Venezuela por el oeste según la capitulación dada por el rey Felipe II a Diego Fernández de Serpa y según la Audiencia  de Sto. Domingo que era quien la regía desde 1520 hasta 1777 incluyendo las cadenas de islas desde Sta. lucia y Trinidad y se le llamó también provincia de Nva. Andalucía, su capital Cumaná una ciudad llamada por Colón “ El paraíso Terrenal” cuando la visitó en 1494 que se encuentra protegida por la península de Araya llamada antiguamente de Paria y muy difícil observar desde la lejanía razón por la cual no era fácil llegar a menos que se tuviese conocimiento de su existencia, ensenada extensa con playas de arenas blanca y oleaje muy bajo con dos ríos cristalinos uno muy ancho navegable con un gran delta y abundante fauna marina. Se cuenta que unos náufragos portugueses y españoles hacia 1468 quedaron varados en sus costas y fueron rescatados por los nativos quienes los ayudaron por más de 20 años a reconstruir sus naves y volver a sus tierras, estos intercambiaron aprendizajes con ellos y enseñaron  varias costumbres, seis años después aproximadamente volvieron estos nativos a ver personas parecidas a los que interactuaron con ellos, y es el propio Cristóbal Colón quien describe este encuentro. “halle unas tierras las más hermosas del mundo, llegue allí una mañana a hora de tercia y para ver esta verdura y esta hermosura, acorde surgir a ver esta gente de los cuales luego vinieron en canoas a la nao a rogarme de parte de su rey que descendiese en tierra, e cuando vinieron que no curé de ellos, vinieron infinitésimos en canoas y muchos traían piezas de oro al pescuezo y algunos atados a los brazos algunas perlas, holgué mucho cuando las vi, e procure mucho de saber dónde las hallaban y me dijeron que allí en la parte norte de aquella tierra, procure de saber de aquellas perlas y envié los barcos a tierra; esta gente es muy mucha y todas de muy buen parecer e muy lindos gestos, los cabellos muy largos o llanos a la guisa de castilla y traen las cabezas atadas con unos pañuelos labrados a colores que parecen como de seda y almaizares, la color de esta gente es más blanca que otra que haya visto en las indias, las canoas de ellos son muy grandes y de mejor hechura que no son estas otras, y más livianas y en medio de cada una tienen un apartamiento como cámara en que vi que andaban los principales con sus mujeres”, y así pensó de esta tierra “por tanto grandes indicios son estos del paraíso terrenal porque el sitio es conforme a la opinión de estos santos y sanos teólogos y así mismo las señales son conformes”. Estos nativos volvieron a ver esos grandes barcos y extranjeros para 1499 quienes intercambiaron perlas y oro por baratijas, espejos y vinos con Alonzo de Ojeda acompañado de Américo Vespucio y Juan de la Cosa, seguido por Per Alonzo Niño, para 1500 arriba Cristóbal Guerra quien declara rescatar 47 libras de perlas y captura algunos indios y hacen muchas atrocidades, regresa para 1502 Alonzo de Ojeda con Juan Vergara y Alonzo de Ocampo, apresan indios y devuelven indias fecundadas.

 


II

   En 1513 Fray Pedro de Córdova Vicario de las indias acreditado por cedulas reales desde la Española, manda una expedición fundante autorizada por el rey Fernando y el Papa para el puerto de las perlas o Cumaná, siguiendo el rumbo dictado por Cristóbal Colón, el primero de septiembre, la expedición era conformado por el dominico Fray Antón de Montesino, Fray Francisco de Córdova y el lego Juan Garcés, Montesino se quedó en Pto. Rico por haber enfermado, Fray Francisco de Córdova oficia en Cumaná la primera misa en tierra firme americana en noviembre de 1813, se inicia la construcción del primer convento y primera escuela en tierra firme en los cerritos del Barbudo, el 21 de Agosto de 1514 una expedición corsaria al mando de Gómez de Rivera llega al puerto de las perlas hospedándose por varios días intercambian o pretender comprar perlas, avituallamiento y animales con los indígenas a quienes antes de partir los invitaron a su barco para pagarles y luego se los llevaron secuestrados, razón por la cual los nativos le dieron plazo de 6 lunas o meses para que devolvieran a sus hermanos o sacrificaban a los misioneros, y al terminar ese plazo lo cumplieron ya que nunca les devolvieron a los nativos secuestrados y con esto terminó la primera invasión religiosa a Cumaná. Para noviembre de 1515 llega a Cumaná la segunda expedición fundante de Pedro de Córdova con religiosos dominicos y franciscanos en la desembocadura del río Cumana en el sector del barbudo a un tiro de ballesta a la playa.

   En 1520 arriba a las costas de Cumaná una expedición tratante de esclavos bajo el mando del capitán Hernando Ibáñez haciendo que se reúnanlos indios Chaimas, Taguares y Cumanagotos, comandados por Maragüey y Toronoima, quienes enfrentan a los invasores y los derrotan a pesar de morir decenas de indios. Ese mismo año una expedición al mando de los capitanes Villafañe y Gregorio Ocaña con las mismas intenciones y son totalmente derrotados aunque los caciques fueron ejecutados. En 1521 después de la Audiencia de Sto. Domingo conocer de los hechos en Cumaná envía una expedición con 6 naves de guerra y 240 hombres bajo el mando de Gonzalo de Ocampo para castigar a los indígenas y al llegar y ser recibido por los indígenas de la misión como siempre lo habían hecho pacíficamente con los visitantes desde antes de Cristóbal Colón fueron apresados y ajusticiados y sus cuerpos colgados en los palos de los barcos para aterrorizar a los indígenas, Gonzalo de Ocampo funda la villa de Toledo construyendo un fuerte y 25 casas al lado de las 200 casas o churuatas de los 15 mil y espero la llegada en Agosto de 1521 de Fray Bartolomé de las Casas para partir lleno de perlas, esclavos, casabe, maíz y pescado salado. De las Casas es recibido por los franciscanos picardos al mando de Johan Gareto con un Tedeum, esta ciudad ya contaba con 2 iglesias, un fuerte, 25 casas de españoles, 200 bohíos de indígenas, parcelas donde se cultivaban uvas, melones y naranjas y el único fuerte confiable del caribe, según Benzonni cuando la visitó en 1545, cansado las Casas de tanta invasión de tanta invasión de españoles de rescatar indios para esclavizar, se dirige a Sto. Domingo y deja encargado al capitán  Francisco de Soto con 2 navíos bien apertrechados, pero Soto desobedeciendo a de las Casas se dedica a comerciar esclavos indios, lo cual hace que se amotinen los indios comandados por los caciques Diego y Caiguire y destruyen toda la ciudad haciendo huir a los frailes y españoles, solo muere fray Dionisio y luego en Araya soto que había sido herido con una flecha envenenada con curare. En 1522 a pesar de haberse empezado la reconstrucción de la ciudad seguían en pie de guerra los indios y la Audiencia de Sto. Domingo envía una expedición de 60 hombres al mando de Giacomo Castellón Suarez hacen que los indios se internen en las selvas y montañas, dejando solamente viejos, mujeres, niños y alguno que otro cacique que firmaron la paz con Castellón, quien funda la ciudad de Nva. Córdova en el mismo sitio donde estaba la villa de Toledo. En 1528 el emperador Carlos V concede escudo de armas a Giacomo Castellón y este le envía en perlas el equivalente a 200 mil pesos. En 1531 el 16 de marzo el teniente mayor Gil González con 150 hombres toma la ciudad de Nva. Córdova cumpliendo órdenes del capitán don Diego de Ordaz, pero es derrotado por Giacomo Castellón apresándolo y expulsándolo de la ciudad con los pocos hombres que le quedaron, en ese mismo año Diego de Ordaz con 20 hombres y algunos indios entran por el río Cumaná pero son derrotados por Castellón quien apresa a Ordaz y lo envía a Nva. Cádiz y de allí a España. En 1548 los holandeses con una poderosa flota de más de 100 navíos se apoderan de la península de Araya explotando sus salinas y comerciando con las Antillas en varias oportunidades. El 13 de Octubre de 1569 llega Diego Fernández de Serpa a Cumaná nombrado por Felipe II Capitán General y Gobernador de la Provincia de Nva. Andalucía.

III

   En Cumaná se produjeron muchos ataques de filibusteros y piratas. Cumaná como punto estratégico fue frecuentemente atacada entre los siglos XVI, XVII y XVIII para 1565 el pirata inglés John Hawkins invadió las costas de Cumaná atacando las salinas de Araya pero fracasó al intentar tomar la ciudad. En 1594 es atacada Cumaná por el corsario ingles Walter Raleigh, pero Francisco de Vides lo derrota y pone en fuga. En 1602 filibusteros ingleses bajo el mando del capitán Parker desembarcan en Pta. Araya cargan sal en sus barcos y son expulsados por 18 buques de guerra que arriban desde España a Araya unidos al gobernador Diego Suarez de Amaya. En 1622 el 30 de noviembre y el 15 de Enero de 1623 una flota holandesa trató de apoderarse de las salinas de Araya siendo gobernador don Diego de Arroyo y Daza, se luchó intensamente y se impidió que se apoderaran de la misma y evitar la invasión a Cumaná ya que el gobierno de México destino 300 plazas 44 piezas de artillería y 12 culebrinas. En 1654 y 1657 experimento Cumaná invasiones francesas siendo gobernador don Pedro de Brizuela, los franceses en la primera lograron invadir el barbudo pereciendo en la defensa Francisco Merchán y don Pedro Merchán pero fueron rechazados al igual que en el segundo intento de invasión. Para 1669 fue invadido por corsarios ingleses el salado siendo rechazados pero murió don Evaristo de Lugo. En 1676 una flota de bucaneros franceses liderados por el marqués de Maintenon atacó Cumaná y la isla de Margarita pero fueron rechazados. Para 1680 el pirata francés Michel de Granemont asaltó exitosamente Cumaná con 50 hombres robando sus riquezas. En 1703 siendo gobernador don José Ramírez de Arellano fueron vencidos otros invasores ingleses, quienes insisten en 1705 pero vuelven a ser persuadidos y huyen. En 1739 se registró un combate naval donde piratas ingleses intentaron tomar Cumaná siendo repelidos desde el fuerte de Sta. Caterina. Para 1741 atacan a Cumaná un navío y una balandra inglesa y el 12 de octubre son puestos en fuga. En 1798 el capitán ingles Dickson invade las playas de Cumaná pero es repelido por el gobernador Vicente Emparan y Orbe. En 1812 es invadida Cumaná por tropas leales al rey Fernando VII venidas de Coro. Para 1813 en Enero un grupo de revolucionarios por la libertad comandados por Santiago Mariño invaden a Güiria en la provincia de Cumaná y el 3 de Agosto invaden la ciudad de Cumaná. El año 1814 un ejército de pardos, mulatos y negros comandado por José Tomás Boves a nombre del rey Fernando VII invade Cumaná destroza la ciudad, saqueando, violando y asesinando a cuanta población existía, abandonando la ciudad a los pocos días, dejando como gobernador Gaspar Miguel Salaverria, hay que destacar que la guerra de independencia lleva a los cumaneses a ver ejércitos constantemente de los diferentes bandos tratando de invadir la ciudad hasta que José Francisco Bermúdez invade la ciudad y hace rendir al último reducto español en una ciudad de Venezuela. Las guerras internas pos independencia en varias ocasiones presagian invasiones de sus fuerzas a la ciudad de Cumaná, la guerra Federal otro tanto y así con cada caudillo que tomaba el poder en Venezuela, hasta que desembarca el buque Anzoátegui o Falke  liderado por Manuel Delgado Chalbauth que trata de invadir la ciudad y derrocar a su compadre Juan Vicente Gómez, pero el general Fernández defensor de la plaza junto al ejercito gomecista ponen en fuga al barco evitando la invasión.



  IV

   En Cumaná desde su primera fundación se crearon fortificaciones, en 1521 Gonzalo de Ocampo crea el fuerte de Nva. Toledo, reforzado por Giacomo Castellón en 1523, destruido con el terremoto de 1530, luego al trasladar la ciudad se crearon el castillo de San Antonio de la Eminencia, Sta. María de la cabeza, reducto de la candelaria, Fuerte de Sta. Catalina o Casa Fuerte, batería del salado, Castillo de Agua Santa o batería de puntilla, Fortín de Cerro Colorado o batería de San Luis, batería de San Justo, batería de San Felipe, batería del cerro de la línea, fortaleza de los castillitos, cuneta del príncipe, batería de la cabeza del puente, fortín de las terrazas o Chiclana.


VI

   Cumaná fue invadida según datos obtenidos por Cristóbal Colón por unos náufragos españoles o portugueses entre los años 1474 y 1476 de una forma pacífica y que hicieron una interrelación entre las dos culturas, que dejaron marcados a los nativos de esta tierra y le cambiaron algunos hábitos y luego de 6 a 10 años estos nativos volvieron a ver personas con características conocidas, los saludaron con amabilidad y los invitaron a entrar a sus casas, compartiendo con ellos comidas y bebidas, esta nueva invasión también es pacífica y de estudio de la región por parte de la tripulación que traía Cristóbal Colón, que luego emprenderán invasiones a la ciudad y región de Cumaná, autorizados por su rey para comerciar, estafar y apresar indios o nativos. Para 1508 se iniciaron visitas frecuentes de españoles en busca de agua, perlas y provisiones desde islas cercanas, a finales de 1513 llegan 2 misioneros a Cumaná que tratan de inculcar sus conocimientos y cultura a los nativos, sin embargo debido a una negociación fallida son sacrificados, meses más tarde hacia 1515 llegador otros religiosos a fundar una ciudad poblada de indígenas, pacificándolos y cambiándoles la forma de vida y cultura, invadiendo sus tradiciones y cultura , pero no todos lo aceptaron y frecuentemente desalojaron a los invasores, esta segunda invasión religiosa se apoya en la fuerza que tiene la monarquía sometiendo, dominando y fundando pueblos, sembrando el alma española, cultura, compromiso con su fe y silla Apostólica, nunca se averiguó si estos indígenas tenían creencias diferentes y si lo hicieron no se les respetó, se le impuso el Dios europeo, aunque se admiraron de las costumbres y conocimientos supuestamente rudimentarios de esta población, se les impuso a la fuerza, las que deseaba el imperio, la religión esclavizó a los dueños originarios de las tierras, explotando al indio y sus tierras y disfrazándolo de encomiendas o repartimientos, aprovechando de sustraer las riquezas de la región, los siguientes invasores, corsarios, filibusteros y piratas se trataron de aprovechar de los recursos de la ciudad, así veremos que Holandeses, Franceses, Ingleses y otros traficantes y proveedores clandestinos, intercambiaron mercancías o la robaban, hasta la creación de la Compañía Guipuzcoana que trató de acaparar todo el comercio de la región sin embargo el puerto de Cumaná intercambiaba sus productos con Veracruz México que financiaba este puerto, hasta 1730 que la Guipuzcoana exigió exclusividad aunque estafaban a los productores ya que por ejemplo compraban la fanega de cacao al productor en 10 pesos y era vendida en 45 pesos en la península ibérica, provocando con esto un contrabando ya que otros barcos europeos pagaban hasta más del doble por los productos. La guerra de independencia con una duración de 13 años fue un hecho atroz y encarnizado en toda la provincia de Nva. Andalucía o Cumaná contra sanguinarios jefes monárquicos Morillo, Morales, Boves, Monteverde, de la Hoz, Suazola, Antonanzas, y otros subalternos, ninguna región sufrió una catástrofe tan grande en vida, bienes y territorios devastados, tan igual o peor que la conquista, algo parecido se vivió en la guerra civil de Venezuela, ejércitos iban y venían, y en cualquier camino podía haber una emboscada o asesinos a sueldo o por diferentes pensamientos políticos, hasta la llegada de Juan Vicente Gómez quien a fuerza de conspiraciones y escuchas de confianza apaciguó el país y la región que vuelve a ver una invasión con la llegada a su puerto de un barco armado unos invasores venidos de Europa y otros que insurgieron por tierra para tomar la ciudad por pocas horas, desde  esa fecha la ciudad de Cumaná no ha vuelto a ser invadida.


 Por: Dr. Kelvis Campos



Referencias

  

Crónicas de Cumaná    ………………………      Ramón Badaracco

Colón y su secreto    …………………...........      Juan Manzano Manzano

Viajes a las Indias Occidentales……….........       Bartolomé de las Casas

Historia Fundamental de Venezuela…….......       J.J. Salcedo Bastardo

Los Viajes de Colón ……………………….        Carlos de  Giorgis

Historia de los orígenes de Cumaná  ...……        José M. Gómez

Gobernadores de Cumaná  ………………...       Ramón Badaracco

                                                      

             

 

lunes, 12 de enero de 2026

DESAGRAVIO AL DIABLO DE CUMANÁ

El Diablo de Cumaná

Quedó fuera en los murales

El fanatismo religioso 

Lo sacó de los portales

Personaje conocido 

De las fiestas populares

Salía por estos lares 

Como Diablo ennegrecido

Haciendo su recorrido 

Seguido de los muchachos 

Su nombre era Luis del Valle 

Hurtado su apellido 

Parrandeaba casa calle 

Cuando era día de fiesta 

El día de Santa Inés, 

También en Semana Santa 

Y diciembre se empataba 

Con sus comparsas vistosas 

Dos personajes recreaba 

Tarzán, con sus indiecitos 

Y el Diablo con su tridente 

Así asustaba a la gente 

Que corría temerosa 

Y el Diablo botando sangré 

Con ojos desorbitados 

Iba montando su baile 

Los niños tenían miedo 

Por su aspecto de terror 

Pero era un Diablo de amor 

Porque a nadie hizo daño

Y salía cada año

Con su comparsa a mostrar 

Más de cincuenta años 

Haciendo la diversión 

A costa de su peculio 

Y de alguna contribución 

Que la gente le arrimaba 

En las playas de El Barbudo 

Se vestía de Tarzán 

Con su guayuco marrón 

Y un cuchillo en la cintura 

Y se exhibía en las poses 

Para mostrar su figura 

Hombre amante del folclor

Se hizo artista popular 

Sin escuela ni academia 

Fue un cultor fuera de lote 

A pie siempre, sin transporte 

Con poca ayuda oficial 

Pero Tarzán o el Diablo 

Solo alcanzó su sitial 

Y ha ocurrido un hecho 

Inusual y extraordinario 

Que no tiene explicación 

Ahora vengo con el cuento 

Porque justo, en este momento 

Al Diablo dejaron fuera 

De pintarle su mural 

Una decisión muy mal 

Que los sucrenses repudian

Porque trataron al Diablo 

Como persona infernal 

¡Que bochorno!

En nombre de la cultura

No tendremos su figura 

En los murales pintados 

Porque manos insidiosas

Lo tildaron de satánico 

Y el pueblo se quedó estático 

Ante tremenda injusticia 

Esa decisión Maluca 

Debe ser considerada 

Para que el querido Diablo 

También tenga su pintada.

Este Diablo es Cumanes.

Humilde de corazón 

Y sin ninguna razón 

--quizas porque era de a pie __

No lo incluyeron en la lista 

Y está fuera de la pista 

Ojalá que nuestro Diablo 

Donde quiera que se halle 

Ante el agravio, estalle 

Y con tridente afilao

Salga, muy esmachetao,

A buscar a los "artistas"

Que pintaron los murales 

Y los puyen por las nalgas 

Y también por las costillas 

Para que marquen la milla

Y se vayan pa'la porra

El Diablo tiene doliente 

Y aunque no tenga mural 

Representa la cultura 

De la ciudad marinera 

Y que atónita espera 

Que se corrija esta acción 

Que no es nada natural 


¡Viva El Diablo de Cumaná, con mural o sin mural!


por: Ramón Gómez Gil / Septiembre 2025

jueves, 8 de enero de 2026

El Secuestro de Jefes de Estados, con la intención de gobernar indirectamente.

La historia del mundo registra casos semejantes —o movidos por la misma intención— al que actualmente padece nuestra Venezuela. Numerosos son los episodios documentados de secuestro, captura o retención forzada de las autoridades supremas de un país; entiéndase que, en la antigüedad, se trataba de reyes, emperadores o jefes de Estado, e incluso de papas, cancilleres y embajadores.

En el tablero geopolítico, entre potencias enemigas, el secuestro de una autoridad tiene como objeto someter a la nación agredida. Y me refiero deliberadamente a potencias enemigas, porque ese recurso oscuro de contención de una autoridad solo lo ejecuta quien teme al otro; lo cual revela, en esencia, síntomas de debilidad o de temor ante las capacidades reales o potenciales del enemigo secuestrado.

Así, el perverso y odiado secuestro se convierte en un instrumento deliberado de dominación política, con el objetivo explícito de manipular, condicionar o gobernar indirectamente a la nación sometida. Desgraciadamente, esta ha sido una práctica recurrente del poder en distintos períodos históricos.

En términos políticos, la captura de la primera autoridad equivale a la captura del Estado, siempre y cuando —claro está— en la nación agredida se ejecuten los planes del enemigo secuestrador.

Cuando el emperador romano Publio Licinio Valeriano fue hecho prisionero en el año 260 d. C. por Sapor I, segundo rey del Imperio persa sasánida (actual Irán), Roma no solo sufrió una derrota militar, sino que quedó humillada y políticamente desestabilizada. Roma era la capital de un imperio, y su emperador, su máxima autoridad. Valeriano fue utilizado como mensaje propagandístico y como elemento de presión geopolítica. El secuestro del gobernante funcionó, en ese contexto, como una forma extrema de guerra psicológica y control político.

Pero ¿qué ocurre cuando se secuestra a un familiar de un gobernante? Ello supone un grado máximo de desesperación existencial por parte de la potencia agresora. Ni siquiera Alejandro —el Magno— se atrevió a tanto. A pesar de haber capturado a la familia real persa tras la batalla de Issos, no pudo capturar al emperador Darío III. En manos macedonias quedaron la madre de Darío (Sisigambis), su esposa Estatira y sus hijas. Alejandro las trató con respeto deliberado y expreso, precisamente porque comprendía su valor político, simbólico y afectivo para su pueblo.

Esto contrasta gravemente con la captura de la actual esposa del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, la diputada Cilia Flores de Maduro, quien presenta afectaciones psicológicas y corporales como producto del trato y maltrato enemigo. Alejandro, quien en vida fue príncipe, rey, emperador y también faraón, sabía que poseer a la familia del Gran Rey de Persia equivalía a erosionar su legitimidad sin necesidad de capturarlo físicamente.

Pero cuidó de ellos como si fuesen su propia familia, y nunca estuvieron sometidos a cautiverio enclaustrado, trato degradante o encierro punitivo.

Durante la Edad Media, tenemos el célebre y casi cinematográfico caso de Ricardo Corazón de León, capturado en 1192 por Leopoldo V de Austria, que ilustra con claridad cómo el secuestro de un monarca permitía extraer concesiones económicas y políticas, condicionando directamente el funcionamiento del reino afectado. Inglaterra, privada de su rey, quedó sometida a presiones externas y a tensiones internas que facilitaron la imposición de términos desfavorables para su economía y su desarrollo.

Ya en la Edad Moderna, encontramos el secuestro ejecutado por Napoleón Bonaparte al capturar al rey español —y soberano de buena parte de América en su tiempo— Fernando VII, obligándolo a abdicar en 1808. Este acto no solo privó a España de su monarca, sino que buscó reordenar el poder político español desde el exterior, imponiendo un rey títere, su hermano José Bonaparte, conocido popularmente como “Pepe Botella”.

Ese acto de barbarie política desencadenó, además, la posibilidad histórica del pronunciamiento independentista de los países americanos sometidos al yugo español. El secuestro del monarca fue, en esencia, un intento de gobierno indirecto y una violación profunda de la intimidad política de las naciones afectadas, como efectivamente se manifestó en nuestras luchas y guerras de Independencia. Sin embargo, ese objetivo no se logró solo con el secuestro: Napoleón tuvo que invadir, y sus ejércitos enfrentaron la resistencia del pueblo español hasta ser finalmente derrotados y expulsados del territorio.

En el siglo XX, aunque el derecho internacional formalizó la inmunidad de los jefes de Estado, la práctica no desapareció. La detención del presidente Manuel Noriega por fuerzas estadounidenses en 1989, durante la invasión a Panamá, evidenció que la captura de una autoridad seguía siendo un mecanismo “eficaz” para forzar un cambio de régimen. Aunque revestido de un discurso jurídico y moral, el efecto político fue el mismo: la nación quedó privada de su jefe y obligada a reorganizarse bajo tutela externa.

El secuestro de autoridades ha sido históricamente una herramienta de dominación política, utilizada para quebrar la soberanía de un Estado sin necesidad de una ocupación prolongada. Al capturar al gobernante —figura en la que se concentra la legitimidad, la autoridad, la continuidad institucional y el liderazgo afectivo de una nación—, la potencia agresora busca gobernar por sustitución, coacción o deslegitimación, imponiendo su voluntad sobre la nación afectada. No se trata de un accidente histórico cometido por un aberrado, loco o fascista gobernante yankee: el secuestro ha sido una constante del ejercicio del poder en contextos de confrontación entre Estados confrontados.

Pero la disímil diferencia del poderío militar de uno sobre el otro mucho dice de la importancia y relevancia de nuestro presidente, el obrero, sindicalista, enamorado de su esposa y conductor de autobuses Nicolás Maduro Moros. Esperemos que nuestra aptitud, y la de nuestras actuales autoridades, demuestren al mundo pleno de qué estamos hechos los venezolanos. Y que lo que ha sido siempre no tiene por qué continuar siendo. No seremos títeres ni titiriteros de nadie, y nuestra Independencia la conquistamos luchando: a muerte.


Por: Rommel Contreras / AGHES



viernes, 5 de diciembre de 2025

Tal día como hoy: Muerte de Boves

A Conveniencia te cuento: las atrocidades de Boves, Morales, Moxó y Morillo:


Boves por rjcg
Te cuento lo que me dijeron, pero no soy tan valiente para agregarle nada. Cada uno mira con su óptica y refiere a su conveniencia. Siempre habrá diferencias sobre lo que se describe, dependiendo de quién lo escriba.

El 16 de agosto de 1815, Salvador de Moxó, jefe Superior de Policía de Caracas, le comunicaba a su jefe y superior, Pablo Morillo, su visión sobre los ciudadanos de esa capital:
Tampoco debo ocultar a V. E. los males consiguientes a la entrada de los Emigrados [en Caracas desde el centro del país]. Había de varias clases: los que lo hicieron por temor de Boves sin tener parte activa en el gobierno revolucionario […] los corifeos de la revolución; los que ocuparon los primeros empleos y sirvieron armas contra las tropas del Rey; los que vendían las cabezas de los europeos y celebraban con armoniosos conciertos el sacrificio de millares de víctimas; […] y los que en fin escandalizaron al mundo con sus horrendos e inauditos crímenes. ¿Qué han de hacer ahora, que se ven —si no perseguidos— despreciados, sin representación civil, sin haciendas y sin empleos?.
En esos mismos días, Luis Level de Goda, cumanés, escribía —también desde Caracas— un extenso memorial dirigido a Fernando VII (el 4 de noviembre de 1815). Le informaba sobre la situación del país y reclamaba el accionar de las tropas al mando de Morillo, también da referencias sobre las pasadas acciones del gobierno de los insurgentes. Level le escribía a su rey, sin suavizar palabras.

Andrés Level de Goda había nacido en Cumaná el 14 de junio de 1777, cuando se conformaba la Capitanía General de Venezuela, estructura que no coartaba la independencia política de sus provincias, entre ellas la de Cumaná o Nueva Andalucía. Apoyó la causa realista durante la Guerra de Independencia y, posteriormente, participó en la vida política de la nueva República.

Se graduó en la Universidad de Caracas como licenciado en Derecho Civil en 1801. Su esposa fue María Ascensión Bermúdez, hermana de Josefa María Bermúdez, casada con el general realista Francisco Tomás Morales. Ambas eran hermanas del patriota y futuro general José Francisco Bermúdez, uno de los reconocidos Libertadores de Oriente. Estos vínculos matrimoniales reflejan la complejidad de los lazos familiares en tiempos de guerra, cuando convicciones y fidelidades políticas podían dividir familias y alterar ópticas y conveniencias.

Level escribe inmediato a los añicos de la patria. Con sentimientos aflorados describe su país como un conjunto de provincias unidas, donde los criollos eran relegados en favor de los peninsulares, los pardos apenas reconocidos y negros e indios completamente ignorados.

Haciendo gala de su pluma nacionalista, prolija y educada, pinta con acierto el panorama tras los sucesos de 1814 y la emigración al oriente. Narra las condiciones que padecían familias y ciudadanos. Se presenta como un paladín que, con coraje, expone a su rey lo que otros nunca osaron decir.

El país estaba invadido, intervenido, tomado y gobernado por el mariscal Pablo Morillo, quien meses antes había llegado desde Cádiz con su tropa expedicionaria a la playa muerta del Puerto Santo, en la medianía de la península de Paria.

Sobre la llegada de Morillo, le escribe a Fernando VII:
El general Morillo, a su llegada, encontró el distrito entero bajo el gobierno de V. M. […] sin enemigos, porque casi todos habían muerto a manos de Boves y Morales […] Quiere decir, Señor, que Morillo ni aún halló población, pues de la poca que había pereció casi la mitad, y todos hombres. El censo de la capital de Cumaná, que tenía 16 mil almas, se hizo ahora […] y solo consta de 5.236 almas, con más de 3.000 mujeres y apenas 1.221 hombres. […] ¿Y no cambiarían con todo su corazón el hambre por el pan, la desnudez por el vestido, la mendicidad por la abundancia, los tormentos por el gozo, y el suelo extraño por su propia patria que tan apegadamente quieren?.
Level concluye que las riquezas confiscadas no benefician ni a la Corona ni al Estado, sino que se pierden irreparablemente.

Los emigrados de Caracas habían llegado a Cumaná el 24 y 25 de agosto de 1814. Tanto a ellos como a los propios cumaneses se les ensañaron los tomases: Boves y Morales, hasta casi aniquilarlos. Un año antes del escrito de Level, la avanzada de Boves había llegado a las puertas de Cumaná, luego al mando de Boves se enfrentaron el 16 de octubre a las desiguales tropas del general Manuel Piar en la sabana de El Salado. Cumaná, sufrió tanto o peor que Barcelona, Ocumare o Valencia; cada una tuvo sus propios degüellos, al son de los fandangos.

En Madrid, el 31 de julio de 1815, el doctor José Ambrosio Llamosas, vicario y capellán primero del ejército de Boves, presentó otro memorial confidencial al rey. Allí relató los sucesos sangrientos de 1814 y parte de 1815, confesando que había sido enviado por Morillo y Morales para informarlo. Morales —huye— adelantándose a denunciar a su fallecido jefe y compañero, responsabilizándolo del cúmulo de crímenes. En parecida acción a la de los victimarios de Lope de Aguirre, en la medianía y bajo la oscuridad del siglo XVI.

Llamosas advertía al rey:
Todas las anteriores providencias serán ineficaces […] si V. M. no aplica la más importante y necesaria: que para los empleos generales de aquellas provincias […] se nombre a quienes administren justicia y manejen fielmente las rentas, pues la inobservancia de este sistema ha sido la raíz de la insurrección de Caracas y demás países de América.
Morillo conocía bien la bajeza de Moxó; él mismo lo había acusado de «duro, injusto y corrupto». Ya en España lo habían señalado de «deshonesto». Aun así, lo mantuvo como jefe de policía por conveniencia. Y luego -cuando marcha a la Nueva Granada- lo deja como Capitán General interino.

Llamosas acompañó a Boves durante toda su campaña y luego a Morales, y fue el parlamentario que este último envió para rendir la isla de Margarita antes de la llegada de Morillo. Siempre oficiando su rito, siempre bendiciendo su obra. Sin embargo, se presentó ante el rey libre de toda mancha, como si nada hubiera tenido que ver.

El rey estaba plenamente enterado. No se puede exculpar a la Corona española alegando ignorancia. El monarca y sus asesores movían los hilos de la guerra desde la distancia, y fueron los derrotados con la independencia. También fueron autores intelectuales de los crímenes que sus tropas cometieron en nuestros territorios, al son de deguello y «Piquirico».

Estos acontecimientos deben servir de espejo a los venezolanos actuales, para que la historia no se repita ni alimente el descontento. Las recomendaciones del sacerdote Llamosas y la lúcida percepción del cumanés Level de Goda no deben quedar en el olvido; pero, a la luz de las circunstancias y en contraste con su propio accionar, han de ser leídas, comentadas y mantenidas siempre sobre la mesa… para que nadie, jamás, pueda —impunemente— lavarse las manos.

por: Rommel Contreras

miércoles, 19 de noviembre de 2025

EL NOMBRE DE VENEZUELA

Cuando Américo Vespucio regresó de su segundo viaje —antes de julio de 1500— del viaje realizado con Alonso de Ojeda, el mismo que había partido de Cádiz el 18 de mayo de 1499 y en el cual Juan de la Cosa participó como piloto mayor, ocurrieron dos hechos fundamentales cuya coincidencia temporal no es casual:

1. Juan de la Cosa concluye su célebre carta universal o portulano, la primera en la que aparece representada América. Como piloto mayor tenía acceso privilegiado a todas las bitácoras de navegación castellanas, especialmente a las de Ojeda y Vespucio. De modo que cualquier información geográfica obtenida en ese viaje quedó registrada en ese mapa.

2. Américo Vespucio escribe a uno de sus mecenas, Lorenzo di Pierfrancesco de Médici, la famosa First Letter of Americus , fechada el 18 de julio de 1500, donde describe su segundo viaje (la expedición de Ojeda). En esa carta aparece un pasaje crucial que no admite reinterpretaciones arbitrarias:

“Pasamos de esta isla a otra, cercana, a diez leguas de distancia, y encontramos una aldea muy grande, cuyas casas estaban construidas sobre el mar, como Venecia, con mucha ingeniosidad. Mientras quedábamos maravillados ante tal circunstancia, decidimos ir a verlas; y cuando nos acercamos a sus casas, intentaron impedirnos la entrada.”

Es decir: Vespucio está describiendo una población de casas sobre el agua, una ciudad lacustre, exactamente el tipo de asentamiento que más tarde Martín Fernández de Enciso, en 1519, identificará con el nombre de Venezuela.

La afirmación de la profesora Beatriz Bermúdez Rothe —sería seguramente correcta si se leyera la historia sólo desde Enciso hacia adelante— se vuelve insostenible cuando se incorpora esta carta de 1500. Mucho más si se lee “entre líneas”, pues Enciso escribe textualmente: “...un lugar y casas de indios que se llama Veneƺuela” . Y claro: así se conocía desde hacía diecinueve años. No creo que la profesora no haya leído la carta completa…

Para decirlo sin rodeos:

La descripción de Vespucio antecede por casi dos décadas al texto de Enciso, por lo que cualquier reconstrucción historiográfica que ignore esta carta queda incompleta. Y menos aún puede ignorarse la corroboración cartográfica de Juan de la Cosa, quien incorpora el topónimo en su portulano de 1500.

Referencias: 

  1. Lester, C. E., & Foster, A. (1853). The life and voyages of Americus Vespucius: With illustrations concerning the navigator, and the discovery of the New World (4th ed.). Horace Mansfield. Pág. 167.
  2. La Cosa, J. de. (1500). Carta Universal [mapa portulano, Inv. MN 257]. Museo Naval de Madrid, España.


P. D. 1: Aunque la discusión sobre el origen del nombre Venezuela es una diatriba antigua, conviene recordar que el cura Nectario María ya había adelantado una lectura distinta, orientada a reivindicar una identidad propia de los maracuchos autóctonos. Hoy existe una tendencia semejante, presentada muchas veces bajo la etiqueta de “descolonización”, que busca precisamente des-europeizar (o des-europeizar, a lo arrecho como dicen algunos) ciertos relatos históricos para recentrarlos en expresiones culturales locales. Escribir la historia a como nos venga en gana no es la idea , y pasar sobre los hechos, agarrándonos aunque sea del borde o filo de unos caracteres. Re-interpretándolos, así no más.

P. D. 2:  Con lo dicho arriba dejo puesta mi rodela en la cuestión del nombre Venezuela. Y a ella quiero sumar ahora los casos de Araya o Maturín , porque ocurre algo semejante: algunos quieren encontrarlos —a como dé lugar— en diccionarios de lenguas de nuestros hermanos aborígenes, aun cuando ya están atestiguados en otras lenguas ajenas a ellos, y mucho antes de que alguien intentara indigenizarlos.